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Pernocta en el Café de la Comedia

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Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Ichinose Hitomi el Jue 03 Ene 2013, 21:28

[Sábado 9 de Junio, sobre las 22.00 de la noche]

Como cada sábado en el que hubiera un motivo de celebración, la compañía de teatro se reunió en torno a la mesa redonda, dispuesta a pasar una velada encantadora impregnada de la suave luz de las velas, el foco sobre el escenario y el satinado telón gastado que parecía encuadrar a cualquiera que tuviera valor para subirse al escenario. Era para cualquiera la oportunidad única de sentirse intérprete por un día, y a la vez, un sitio íntimo en el que resguardar aquellos retazos de sueños que no muchos eran capaces de realizar, y olvidados, cobraban vida tan solo un momento a la luz de las pequeñas candilejas en un pequeño antro en el que palpitaban las estrellas que muchos habitantes de esa ciudad habían atrapado para siempre.

La chica, vestida para la ocasión en unos vaqueros gastados, una sudadera negra con una enorme sol dorado serigrafiado, y unas deportivas raperas gastadas, masticaba un trozo de una gran hamburguesa sin cebolla, con pepinillo y huevo frito incluido. Dio un sorbo a su te helado con una pajita y luego se secó las manos en una servilleta de papel, para poder aplaudir como si le fuese la vida en ello a un chico que acababa de hacer un solo espectacular de armónica. La verdad es que nunca había oído cosa igual, claro que su actuación había sido bastante underground con lo que en cualquier otro sitio, poca gente hubiera comprendido lo que pretendía.

Disfrutar un sábado haciendo lo que más te gusta. No se podía pedir nada mejor. Su compañía de teatro estaba animada, reían, se divertían y apoyaban a aquellos que más inseguros parecían, para hacerlos sentir al bajar como profesionales del espectáculo. En cada uno de ellos había un talento oculto que parecían sacar a relucir con subir al pequeño entarimado y sentirse bajo los focos. Los aplausos resonaron mientras el dueño del local improvisaba la presentación del siguiente valiente...
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Diego Del Toro el Vie 11 Ene 2013, 15:37

Debía admitirlo, aquella visita a Japón estaba siendo, al menos de momento, productiva.

Sí, era cierto que la entrada no había sido TODO lo que esperaba pero, ¡Oye! No todos los días saltaba uno en paracaídas desde un helicóptero para acabar aterrizando en la fiesta privada que organizabas para dar a conocer tu presencia en una tierra extraña y tampoco podía decir que el piloto le hubiese cobrado tanto para lo que para cualquier otro sería una maniobra más o menos arriesgada. Y no era tampoco la primera vez que Lucía, su querida hermanita, acababa al borde de un ataque de nervios después de OTRA de sus sobradas, pero joder, ¿no entendían lo que era una campaña publicitaria? Y el efecto había sido bueno, maldita sea, aunque sólo fuese por lo de llevar el traje de fiesta debajo del de salto.

Había que agradecerlo a aquel papel que hizo una vez... Cuádruple X, o algo así. Sí, él también reconocía que el nombre era casi tan ridículo como la peli, pero había dejado dinero y le había servido para entrar en contacto con los deportes extremos, así que no estaba todo perdido. En cualquier caso, todo eso estaba muy bien, pero no era lo que le había llevado allí... Al menos, no del todo. Sí, que Lucía fuese también su representante y ahora mismo estuviese con una "sobredosis" de tranquilizantes había hecho que quisiese largarse para no tener que oírla y eso le había llevado allí peeeero había más razones. Como que se aburría como una ostra. Joder, era una estrella, se suponía que tenía que divertirse a todas horas, era parte del contrato. O lo sería, si tenía que negociarlo.

Como fuese, aquel antro le había gustado nada más verlo desde fuera. Y seguro que nadie le buscaba allí dentro (creía) así que, ni corto ni perezoso, había acabado quitándose las gafas de sol (sí, era de noche, ¿pero y lo que vestían?) y entrando. Actuaciones. La verdad es que había mucho aficionado, pero había un par que... Se notaba el talento. Estuvo observando un rato. Pero luego se cansó... Joder, ya que estaba ahí, al menos iba a hacerse notar. Después de todo necesitaba un par de estrellas para su nueva película y, qué cojones, le apetecía darse a conocer entre aquel grupito. No le hizo falta mucho: Meterse entre bambalinas, unos cuantos billetes, respirar para "calmarse" y, poco después, cuando el chaval le estaba presentando, salir. Como siempre, de forma magnífica, saludando como si le fuese la vida en ello (era actor, joder, era su trabajo) y situándose en medio. Tomó el pequeño micro...


- ¡Buenas noches, Japón! ¿¡Cómo están ustedes?!


Perfecto español, obviamente, al menos en su segunda parte. Había que demostrar el arte y savoir faire en todo lo que hacía, aquello no era menos. El haberse puesto las gafas (otra vez) ayudaba, pero no tardó en quitárselas, mirando al público. Un diez, un ocho, un 5, 7, 3... ¿Eso era una mujer? En fin, un 8 y, finalmente... BINGO.


- ¿Quién sois vos, dulce estrella, que con vuestra mirada me cautiva? Abandonad el lugar, dama mía, y alzaos, altiva... Pues este vuestro caballero vuestra presencia ansía.


Teatral, muy teatral, su mirada se movió entre el público, hizo una reverencia, y saludó. Que la que quisiera se diese por aludida, después de todo, él era un auténtico caballero, toda dama merecía el dulzor de sus halagos... Alguna más que otra, claro, pero eso no era algo agradable de decir entre tanta hermosura.

[FDI:

http://files.myopera.com/dragster8787/albums/10702692/Konachan.com%20-%2071768%20blood%20brown_hair%20cigarette%20hellsing%20male%20short_hair%20snow%20tie%20walter_c_dornez%20zoom_layer.jpg La vestimenta de Diego

Por si la primera no se viera http://25.media.tumblr.com/tumblr_md4zfiCcpS1rbrs4ro1_400.jpg
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Ichinose Hitomi el Sáb 12 Ene 2013, 23:10

No es que estuviera especialmente interesada en el tipo de vida Holliwoodiense que compartían las estrellas del cine, pero estaba claro que nadie escapaba de la garra de los actores más populares, y al comprobar por un minuto, bastante incrédula, que el que estaba sobre el escenario era efectivamente Del Toro, guardó del todo silencio como hicieron sus compañeros de mesa. Su presencia resultaba bastante confusa en un lugar así para el resto de los mortales, por que concebían a artistas prácticamente como dioses que no se dedicaban a hacer cosas normales como ir a un café de mala muerte a improvisar sonetos.

La mujer de la sudadera soleada sonrió y entrecerró los ojos con cierto interés felino, como un gato que observa un ratón asomando el hocico en una madriguera. La crítica le tildaba como Cassanova Vivalavirgen, y una empedernido frívolo. Alguien a quien solo puedes encontrar sobre una alfombra, cercado por grandes hombres de negro y revestido de cordón de terciopelo. Sólo en la Jet set...

Y sin embargo, estaba allí.

Puede que sólo ella se fijara en ese tipo de cosas, pero para quienes tenían una gran sensibilidad, una emocionalidad desarrollada tan profundamente como para saber qué leer en los demás, aquel era un hecho que la escaldaba, porque contradecía todo lo que se creía de él.

Quizá una casualidad, quizá márketing, quizá sólo el macarrismo de un hombre que buscaba aprobación allá donde fuera... o quizá no. Con un poco de suerte, el tiempo lo diría.

Ante su presentación, el jolgorio volvió al local y de el salieron silbidos, las manos se pusieron en alto, y los aplausos brotaron cuando se presentó. Sin embargo, aquella mesa a la que pertenecía se mantenía silenciosa, contemplativa, expectante.

Todos sacaban su propias conclusiones, pero sobretodo analizaban su método. Había algo indiscutible, él era elegante y todo un estereotipo de su país de procedencia, famoso por la bulería, la jarana, la fiesta.

A medida que hablaba su voz se volvía tan dulce como la misma miel.

Ella sonrió ampliamente, se recostó sobre su silla y se acomodó para disfrutar del espectáculo.
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Diego Del Toro el Dom 13 Ene 2013, 22:42

El efecto fue claro, la ambigüedad había conseguido el efecto deseado y la audiencia se sobrecogió, especialmente los espectadores femeninos, en un silencio tranquilo. Todos los ojos estaban sobre él y Diego, acostumbrado a la atención de las multitudes, se limitó a alzar los brazos en una posición de Cristo mientras cerraba los ojos, dejando que el ambiente del local le llenase... Era dulce, muy dulce, pero aún no había hecho sino empezar.

El drama era una sucesión de emociones. Era un acto de amor. Y por Dios que él amaba a su público tanto como estos le amaban a él.


- Cuan doloroso es el silencio, cuan feroz la ausencia. Si mi corazón vuestros labios no besan... ¿Qué será pues de mí, princesa? La duda... El miedo... ¡Dolor!


Comenzó alzando su brazo derecho, que guió sus ojos, luego el izquierdo y, finalmente, ambos brazos se cruzaron sobre su pecho al tiempo que caía de rodillas. La luz pareció atenuarse pero, por supuesto, eso era imposible... No era como si hubiese pagado para que los focos bajasen coordinado con su actuación, no de momento. No importaba. Su actuación era lo bastante buena para que la mente más preparada creyese ver cosas que no existían y, sólo cuando el silencio volvió a sobrecoger la sala, su cabeza, gacha, empezó a alzarse poco a poco.


- Mas aquí me hallo... Ante vos. Vuestro siervo, vuestro héroe... ¡Amor!


Sus palabras terminaron con él de nuevo en pie tras un suave ascenso y el tacón de su pie izquierdo marcó el ritmo al tiempo que sus ojos miraban hacia otro lado. Un primer punteo fue lo primero. Lo siguió el chasquido de los dedos y el suave movimiento de la cabeza, iniciando un crescendo...


- Que se sepa en la Tierra... ¡Que se sepa en los Cielos! Pues pasión más grande jamás hubo, que aquella cuyo reclamo vuestra respuesta no obtuvo.


Las últimas palabras, lanzadas en un tono alto, mientras miraba hacia arriba, fueron sólo la antesala y, en ese momento, pareció ahogarse... Un espasmo, una tos mientras se llevaba una mano a la boca, sólo para hallarla luego manchada. Roja vida en su mano y también en la comisura de sus labios. Un pequeño truco de escena que daría el pego mejor que ninguna otra cosa...


- Y ahora... muero... Dulce destino este... Pues allá donde voy, nada más que redención espero. Adiós, mi dama. Adiós, mi llama. Adiós, dama... Adiós...


Y, con esto, finalmente cayó al suelo, a plomo... Y el local quedó en silencio.
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Ichinose Hitomi el Lun 14 Ene 2013, 16:51

Muy pocos eran los actores que triunfaran realmente en un mundo tan exigente y que tan pocos errores permitía como el cine profesional, a menos que se tuviera verdadero talento. Seguramente ese joven era un ejemplo de eso, generalmente el estrellato produce una sensación de abismo enderredor, como si ni siquiera aquellos idealizados personajes perteneciesen a la misma raza que aquellos que los admiraban.

Por el contrario, la mujer se permitió después de un leve análisis inicial de treinta segundos, envolverse dentro de la escena y permitir que aquel que tan valorado era por miles y millones de personas tuviera oportunidad de ejercer dignamente su profesión.

Fuera del ámbito técnico, fuera del método y también de las consideraciones que venían dadas por su anterior conocimiento de él. solo la escena en cuestión.

Podía deberse perfectamente a su propio estado personal el hecho de que se sintiera incómoda, sin embargo era incuestionable que el joven tenía talento y recursos, puesto que a pesar de la iluminación básica, supo sacar partido a las sombras en sus posiciones, y también le sorprendió aquel truco de la sangre.

Cuando la actuación terminó, el local al completo se quedó en silencio durante unos segundos, aquel tenso vacío en el que el Artista se ve en el límite de una negrura inmensa, como un astronauta que ha extraviado la nave y que solo tiene ante sí una eternidad desoladora que podría llevarle a la muerte. Asfixiante, como si fuese a devorarte...

El súbito temor de no haber conseguido transmitir... Nada...

Tras aquella era, que bien podría haber sido de segundos o de años, un par de manos se golpearon entre sí, y ella tuvo la audacia de contemplar que eran las suyas. Con golpes secos, pausados, pero firmes, premiaban al artista por su trabajo.

A pesar de su propias reservas, una buena actuación era una buena actuación.
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Diego Del Toro el Sáb 19 Ene 2013, 18:12

Ah, el vacío, el silencio... Con una actuación así, nunca fallaba.

Su truco de escena ya se había hecho famoso en alguna de sus películas, pero hacerlo en vivo y en directo y que aún así funcionase desde luego le hizo subir el orgullo. Pasaron unos pocos segundos hasta que, de nuevo, escuchó el baño de aplausos y, al hacerlo, no tardó en levantarse, con elegancia, alzándose y, tras poner los brazos en una postura de Cristo crucificado, inclinarse en una reverencia. El micrófono fue lo siguiente que tomó.


- ¡Muchas gracias! ¡Sois maravillosos! ¡Todos y cada uno de vosotros! ¡El camarero que reparte las bebidas, la bella dama de la última fila, el joven de la cuarta mesa a la izquierda que intenta buscar el valor para confesarse... Muchacho, hazte un favor a ti mismo, y besa a la chica. Lo está deseando.


Guiñó el ojo hacia el chico, observando su rubor, antes de saltar del escenario, empezando a saludar a todo aquel que veía de forma personal, pasando su mano entre el público hasta que finalmente llegó hacia donde estaba la que había iniciado el aplauso. Se mantuvo mirándola durante unos momentos, miró al resto de la congregación y entonces sonrió. Perfecto.


- Y ahora que ya todos nos conocemos me gustaría hacer un pequeño anuncio... ¡Yo, Diego del Toro, busco personas con la capacidad de convertirse en estrellas! ¡Este es el país que he escogido para rodar mi próxima película! Será un camino difícil, sólo los mejores lo lograrán... ¡Pero el que sea escogido, alcanzará tal fama que su estrella brillará para siempre en el firmamento!


De nuevo, se posicionó para sentir el calor de las masas, dejándose bañar por la emoción de ellos, antes de girarse, mirando de nuevo a la jovencita.


- En cuanto a vos, mi diamante en bruto... Vuestro brillo eclipsa la estrella más brillante incluso en el más soleado día. Por favor, decidme, dama mía... ¿Cómo debería este humilde siervo dirigirse a tamaña grandeza?


Y se arrodilló ante ella, tomándole la mano y dispuesto a besársela en señal de saludo, el micrófono ante ella con la mano libre. Por supuesto, todos los ojos estaban ahora sobre ellos... Justo eso era lo que pretendía. ¿Podía haber mejor promoción que esa? Obviamente pero, por el momento, prefería seguir con la ropa puesta. Sería un desperdicio quitarsela antes de tiempo y muy poco caballeroso por su parte...
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Ichinose Hitomi el Sáb 19 Ene 2013, 23:18

Ese hombre tenía lo que en España se denominaba "Salero". Una energía, un tipo de sensación y sentimiento que los seres pasionales despertaban en aquellos que los rodeaban cuando se permitían dejarse llevar por sus locuras. Era casi como una fragancia, lo desprendían de sus poros, en sus palabras, rezumaba de su piel y se mezclaba con quienes tenían el placer de compartir su compañía hasta convertirlo todo en un absoluto torbellino. Este hombre había sabido sacar partido al suyo, y no se refería a su carrera en general. Cuando hizo la pequeña broma sobre el chico, la morena rió disimuladamente, divertida sin poder evitarlo de lo avizor del comentario. No todo el mundo podía ser capaz de captar eso, y menos durante una interpretación.

Un detalle sin duda interesante...

El anuncio a continuación no hizo si no reforzar lo que ella ya sabía, con la salvedad de que no tenía idea de que en esa película se buscaran nuevos y futuros talentos, algo que por otro lado decía mucho del tipo de producción, ya que el cine era un negocio cerrado que poco gustaba de compartir su cumbre con los soñadores. Cuando él la contempló ella le devolvió la mirada con una sonrisa por el rabillo del ojo, de una manera felina. Complacida, pero a la misma vez, resguardando cierta impetuosa peligrosidad. Cada frase en que hacía hincapié recibía la aclamación de los presentes.

De pronto, como aparecido, encontró al joven tomándola de la mano y arrodillado, dispuesto a besar el reverso de su mano en un evidente y caballeroso saludo seductor. Al hacerlo, como sorprendida, miró a la chica que tenía al lado, se inclinó a ella con una sonrisa coqueta y le susurró algo. Al hacerlo la joven se rió tontamente y se levantó, como espantada del galán descaro que el Español poseía.

Ella le devolvió entonces la mirada, con un brillo en el interior de sus ojos violetas, y una sonrisa en apariencia cohibida. Cuando le cedió el micrófono, ella lo cogió con la mano libre y se lo acercó a sus labios.

- Puedes llamarme... Mask. - dijo con un tono misterioso y seductor.

Toda su expresión cambio en el momento en que decía esa frase, la música empezó a sonar y toda esa vergüenza desapareció de un plumazo cuando tras terminar de decir el nombre, separó la mano de la de él con un ademán y sin atisbo de timidez hundió sus finos dedos en su melena castaña en una caricia, al tiempo que se levantaba, caminando hacia el escenario con un contoneo femenino en sus caderas.

La chica que antes se había levantado a pedir la canción y otras tres miembros de su compañía se posicionaron dos sobre el escenario y otras dos en el pasillo principal entre las mesas, mientras la morena comenzaba a cantar en perfecto inglés, moviéndose de una forma cautivadora, mientras miraba por un momento al público, y tras un par de frases volvían a fijarse sus ojos en el romántico, al que se acercó mientras cantaba con actitud castigadora aunque evidentemente pícara.

No hay mejor forma de devolver el favor a un profesional que tanto ha hecho por entretener...
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Diego Del Toro el Dom 20 Ene 2013, 00:11

Y la actuación continuaba, esta vez, con un cambio de ritmo.

Cuando la mujer se levantó y pasó sus manos por su melena, Diego sonrió, aunque la sorpresa no podía ser más evidente en su rostro pronto supo adaptarse, sonriendo tranquilamente. No se levantó, no durante mucho tiempo, dejándose caer sobre el sillón y sentándose de una forma que dejaba claro que estaba totalmente tranquilo, de hecho, era la posición más despreocupada en que una persona podía sentarse en un sillón, casi casi recostado en el mismo, con los brazos apoyados sobre el respaldo y una pierna cruzada sobre la otra, mirando a la mujer.

Aquella música era extraordinaria y esa mujer, una tigresa... Pero lo mejor del tema era que lo estaba desafiando. Perfecto. Eso le gustaba. Así que siguió el ritmo con la cabeza, sin dejar de mantenerle la mirada en todo momento hasta que, finalmente, chasqueó los dedos y, por segunda vez esa noche, la música cambió, esta vez, para revelar una carta que había guardado bajo la manga. Después de todo, había hablado con el dueño del local para actuar allí y le había pedido un par de cosillas... Aquella era la segunda y esa, era la señal.

http://www.youtube.com/watch?v=F9XGsp8FpOQ

La música empezó a sonar, una sintonía eminentemente de su tierra natal o, al menos, que recordaba a ella. Un tono entre español y argentino, y Diego se alzó, su mano tomando a la mujer por la cintura, la otra tomando una de las suyas... Un rápido giro y el peso cambió, ligeramente recostándola, en un paso de baile sensual y eminentemente seductor. Su especialidad. Durante todo aquello, su gesto no cambió, una sonrisa tranquila, seductora... Él era un experto en aquel juego, después de todo. Pero no dejaba de ser un juego de dos.

Y la alzaría, hasta que ambos danzasen la misma sintonía. Él había empezado el paso. A ella le tocaba seguirlo.



[FDI:

Si no te parecen bien las acciones, dímelo y lo cambio, no problema ^^ ]
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Ichinose Hitomi el Dom 20 Ene 2013, 02:25

[OOC: Está perfecto. Lo mismo digo]

A medida que se desarrollaba la canción podía ver en el rostro del espectador a quien en ese momento se dirigía, viendo reflejado en él complacencia y un oscuro placer que dejaba intuir lo carnal, pero de una forma que no era obscena, si no más bien fantasiosa. Precisamente lo que ella pretendía, así continuó moviéndose hasta que, a un chasquido del Hispano, la música cambió de tercio... diametralmente.

Una música que ella ya había oído en muchas ocasiones, pues tenía un especial cariño a lo que su ejecución podía significar y dar a entender.

El tango...

La historia de la vida misma, de la pasión, de la pena, del arrojo, del engaño, del pobre y del rico, del amante, del perdedor, del sexo, de la muerte...

De la carne...

Así, notó una mano firme en torno a su cintura, y otra tomando la suya, y se vio llevada hacia una inclinación seductora, que le dejaba comenzar con el avance de los pies del chico, convertido ahora en su pareja de tango. A una mera señal de su cabeza, las chicas que hasta entonces habían bailado con ella retiraron las mesas cercanas, dejando entre ambos un cerco en in instante.

Al siguiente, la morena se había elevado con fuerza, su melena convertida en una estela azabache, al tiempo que deshacía la vuelta y quedaba frente a frente con el joven. Con la mano libre agarró su nuca con una furia imposible de ser contenida en un cuerpo tan delicado, y su mirada se mostró posesiva, mientras unía ambas frentes, precipitándose en la mirada del Español, y avanzaba con pasos firmes, taconeando el suelo cada vez que hacía retroceder al joven un poco más. Su otra mano, estirada hacia atrás, dejaba ver su rapidez, su rabia, su poder. Y al llegar un punto, ella haría arrastrar su pierna hacia atrás, agachándose, bajando ambas manos como si se derritieran sobre el torso moreno, por sis brazos, hasta coger sus manos... un espacio suficiente para hacer lo siguiente que pretendía.

Con la flexibilidad que sólo una gimnasta o patinadora es capaz de mantener salvando los años, su pierna derecha se proyectó hacia arriba en pulcra rectitud y fue a descansar de un golpe seco, pero delicado, sobre el hombro del joven. Con el otro pie apoyado sobre el empeine, y haciendo una fuerza extraordinaria que pasaría desapercibida a ojos no entrenados o que desconocieran la verdadera dificultad que entrañaba esa figura, cedió el testigo al chico, permitiéndo que la arrastrarla unos cuantos pasos, antes de bajar la pierna, y continuar bailando, en esa guerra, en ese amor de dos que resultaba ser el Tango.
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Diego Del Toro el Dom 20 Ene 2013, 17:17

Sin duda, aquello era lo que buscaba.

La pasión, el baile, los cuerpos entrelazados... Eso era lo que había venido buscando cuando entró en aquel lugar y su pareja estaba demostrando ser fuego en una forma de mujer, ¿qué menos que responder su impulso con la misma pasión? Sus ojos se clavaron en los de ella, su cuerpo siguió el ritmo marcado y, cuando su pierna se posó sobre su hombro, simplemente se deslizó hacia atrás como si flotase, viendo cómo el ángulo se iba ampliando hasta que, finalmente, volvió a la tierra. Era su turno, y el testigo fue recogido con sumo gusto.

La atrajo hacia sí, pegando ambos cuerpos, los ojos mirándose profundamente, su mano en la cintura, la otra reptando por el brazo hasta tomar su mano... Y entonces el contacto se rompió, pues la giró sobre su eje, antes de abrazarla por la cintura, enterrando sus labios en la base del cuello, siguiendo con los sinuosos movimientos, sus manos delineando la silueta de la mujer de cabellos azabache, empezando a andar, suaves pasos hacia adelante.

Y nuevamente otro giro, esta vez, que puso más distancia entre ellos. Como un ovillo, los cuerpos se desenvolvieron y volvieron a su posición original, las manos y frentes ahora encontradas, las piernas entrecruzadas. El contacto visual nunca se vio roto y la pasión emanaba ahora de ambos cuerpos, aumentando la temperatura del ambiente. Era divertido, pero la sonrisa no se mostraba en el rostro de Diego aunque, por dentro, sonreía ampliamente... Después de todo aquella era una danza de seducción.

La lujuria era lo que su rostro debía mostrar. Lujuria y ardor. No se atrevería a mancillar la pasión con el rostro de la comedia.
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Ichinose Hitomi el Dom 20 Ene 2013, 20:41

Muy al contrario que la mujer, que a pesar de haber mantenido durante toda su ejecución la firme silueta de la pasión dibujada en sus profundos ojos cerrados, en la fina línea de su mentón hacia arriba, en sus labios entreabiertos cuando se vio obligada por la fuerza de su compañero a dar la vuelta sobre su misma y éste enterró su boca en el tallo de piel que era su cuello, a medida que avanzaba, su expresión fue delineándose, y su boca realizó una fina curva, en sus ojos había un desafío tan grande como el de una bestia acorralada ante un cazador.

Sentimientos desatados en las entrañas, en el instinto más animal que residía en el fondo de todo ser humano que a sí mismo se hacía llamar civilizado.

En el momento de encontrarse nuevamente, frente a frente, ella dio un bocado al aire, escapándosele la barbilla del chico por muy poco, de modo que no podía apostarse con seguridad si ella no le habría mordido de no haberse movido él levemente. Su pierna derecha se levantó, cruzándose sobre la izquierda, dando lugar a un cadencioso y violento movimiento de cadera y cintura, y en cuanto el pié se posó en el suelo fue el otro el que se despegó de este, repitiendo el movimiento, una y otra vez, haciendo contonearse su cuerpo mientras efectuaba aquella danza detenida sobre un punto.

Cuando le tocó completar el movimiento, esperó que el cuerpo del hombre pareciera tan manejable como parecía. Su pierna izquierda rompió ese equilibrio al extenderse y elevarse bajo el brazo izquierdo del joven, rodeando su firme cintura por la espalda, haciendo asomar su pie por la cadera derecha. Para hacerlo tuvo que sujetarse a su mano y ponerse de puntillas, pero su otra mano acarició tiernamente su rostro, desde arriba hasta perderse en su mentón, un gesto que parecía aceptar una disculpa que no había sido dicha.

Al bajar la pierna con un severo golpe, pasó también bajo el brazo, se soltó de su mano y quedaron un instante espalda contra espalda, ando apenas un par de pasos como su fuese a alejarse, pareció recorrerle un escalofrío y se abrazó los hombros en un gesto extremadamente vulnerable, y como si una energía indecible la atrajera con la potencia del más potente imán al trozo mas ínfimo de metal, se volvió y pasó los brazos en torno a su torso, apoyando su cabeza entre los omóplatos de él, su mano derecha sobre su pecho, la izquierda a la altura del ombligo, ambas extendidas como si quisiesen abarcar lo más posible de ese cuerpo...

Con posesividad... con lamento...
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Diego Del Toro el Mar 29 Ene 2013, 19:46

El baile continuó, para deleite de Diego.

A decir verdad, aquello era algo relativamente nuevo para él: No es que fuera la primera vez que estaba en Japón, ni tampoco la primera vez que hacía uno de esos bailes con alguien... ¿Pero encontrar a una japonesita que bailase de esa forma, con semejante desparpajo? Eso, señores míos, era un hallazgo tan raro que el español no pudo evitar pensar que había dado con la gallina de los huevos de oro al encontrarla, de modo que siguió su baile permitiendo que ella tomase el rol dominante, algo que pasaba con relativa poca frecuencia... Y cuando se hallaron espalda contra espalda, sus ojos se cerraron, su sonrisa tranquila esperando el momento, sus manos recorrieron su cuerpo, él tomó la suya, la giró.

Su boca descansó entonces a un lado de su cuello y unas palabras fueron susurradas, de forma trémula, al oído, inaudibles para ninguna otra persona. Unas palabras que habrían derretido a muchas... Pero, entonces, se separó, delineando su cuerpo con las manos, acabando con su diestra en la de ella. Sus labios se movieron y, entonces, lo sellaron con un beso, como el de antes... En la mano, como un caballero besaría a su dama, rematando la pasión con la virtud. Una mezcla que el caballero español conocía de sobra.

Miró a los ojos de la mujer profundamente desde su posición, sin romper el contacto, y la música cesó. Sólo entonces la sonrisa volvió a su rostro y el español se levantó, prolongando el contacto de manos durante unos instantes mientras se daba la vuelta, dispuesto a marcharse por donde había venido, sus gafas de nuevo sobre sus ojos... Eso, por supuesto, si nadie lo detenía.

En su lenguaje corporal no había asomo de duda o miedo, pero aquello... Aquello había sido extraordinario, sin duda. Oh, sí.
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Ichinose Hitomi el Miér 30 Ene 2013, 00:21

Tras unos últimos pasos, cadenciosos, que se escapaban como el último hilo de sangre de un cuerpo a medida que las música se apagaba poco a podo, él acercó sus labios a su oído. Esto le produjo un escalofrío, debido sin duda al calor de su aliento, y escuchó su secreto mensaje, que parecía querer compartir tan sólo con ella, y nadie más.

Un mensaje que fue recibido, y valorado en unos instantes, por la mujer de mirada gris violácea, y que respondió con un sencillo y prolongado parpadeo felino y coqueto.

Antes de separarse de ella, el hispano alargó el contacto con sus manos todo lo que pudo, resultaba evidente que las de él eran inmensas y por el contrario, las de ella eran delgadas, estilizadas y finas. Pero la calidez que ambas emanaban era la misma... el alma del artista.

El artista que ahora hacía un mutis, y se separaba de ella, como si ese fuese el fin de su escena. Ella giró sobre sus talones e hizo lo mismo, acercándose a la mesa que había ocupado anteriormente. Se sentó en su mesa, y empezó a recoger las cosas, y apurar lo que quedaba de su bebida, mientras la compañía aventuraba sobre lo que acababa de pasar, y la sala terminaba con los atronadores aplausos y continuaba su fiesta. Después de terminar de recoger, y de echarse a su espalda la mochila, los miembros de su truz la contemplaron con una sonrisa cómplice. La chica que había permanecido hasta entonces a su lado, rió de forma divertida e infantil.

- ?Alguien va a darle un buen rapapolvo al gran artista?-preguntó haciendo leve burla al llamarle gran artista.

La mujer contempló a su compañera durante un momento con extrema severidad, y pronto su sonrisa se combó en una pícara, un tanto peligrosa, que hizo que sus compañeros se sintieran inquietos y excitados por lo que estaba a punto de pasar...

La mujer de pelo negro, siguiendo los pasos que anteriormente había dado el Caballero Español, puso rumbo a su destino, dispuesta a salir a su encuentro...
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Diego Del Toro el Mar 05 Feb 2013, 13:42

[FDI: Perdona que no postease, Hitomi, no se me ocurría nada T_T. Espero que este post te valga la espera]

Una vez fuera del club, el artista español finalmente pudo sentir, de nuevo, el aire en sus pulmones... Lo que acababa de pasar era algo tan extraordinario, tan magnífico, que por unos momentos había sido pillado por sorpresa: Desde luego, no había muchas ocasiones en las que su propia pasión resultaba encontrarse con una de, al menos, igual valor, pero en los pocos casos que lo hacía la reacción solía ser la misma, primero, se limitaba a fluir con lo que veía pues, cuando dos fuerzas de tanta magnitud se encontraban, era absurdo que una tratase de dominar a la otra... Y después, cuando todo aquello pasaba, se tomaba un instante para respirar, dejando que su cuerpo y corazón se calmasen al tiempo.

Por supuesto, todo esto era un proceso automático. Nadie habría podido ver, jamás, en el caballero español otra cosa que no fuese su ya perfectamente entrenada calma y encanto, simplemente ya era una parte natural de sí mismo... Sin embargo, su admiración por esa chica era tan grande que no se dirigió a su coche sino que, al llegar al mismo, se sentó sobre el capó. Las gafas oscuras sobre sus ojos, la postura despreocupada, la sonrisa de triunfador firmemente grabada en el rostro... Y entonces, ella salió del lugar, como había esperado que hiciese.

Su sonrisa se marcó entonces aún más y una de sus cejas la acompañó, alzándose de forma suave. Sólo entonces, aplaudió, lentamente, saboreando cada palmada.



- Bravo, mi dulce dama, BRAVO. Debo admitirlo, pensé que ibais a comerme ahí dentro... ¿Dónde habéis aprendido a bailar así? Estoy seguro de que no puede ser casualidad... Este encuentro ha tenido que estar planeado en las estrellas, lo presiento.



Y entonces, aguardó.


- ... Espero haber estado a la altura, mi dama. No mereceríais menos que lo mejor...
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Ichinose Hitomi el Miér 06 Feb 2013, 13:42

Al encontrarlo frente a ella, apoyado en un coche y con las gafas oscuras, regresó a su mente el texto de Cassanova, el hombre que amó a una mujer sin ser correspondido y que desde entonces amaría a todas las mujeres. Había varias lecturas de ese personaje, el despechado, el vengador, el dolido, el aprovechado, el vividor, el libertino, el libre... Pero había matices de él que se escapaban a quienes no querían verlos.

Ese era el preciso motivo de haber salido en busca de su compañía, y no el de seguir como un cordero a aquel que ostenta una vara.

- ¿Dónde más puede vivirse así el tango, si no es desde su verdadera cuna?- preguntó ella, haciendo que esta incógnita fuese a su vez respuesta a su pregunta.

No sólo había estado en américa del norte en sus viajes, y no era ni mucho menos la primera vez que trataba con un sangre latina. El sitio que le había mostrado la rotura de inhibiciones que era el tango era la propia Argentina. Otra de sus secretas pasiones que ahora había sido desvelada.

- ¿No pensáis en eso al hacer vuestras películas?- contestó ella con cierto retintín, como si le estuviese retando - O acaso no sois quien creo que sois, Ilustre Diego del Toro y Guerrero, el hombre que convierte en oro todo lo que toca...- preguntó alzando una ceja, con una expresión felina en su mirada gris violeta, una media sonrisa burlona, y un fondo de diversión.
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Diego Del Toro el Vie 08 Feb 2013, 14:40

Al escuchar las palabras de la chica, Diego no pudo evitar sonreir, antes de que aquello se convirtiese en una ligera risa. Acto seguido, su mano derecha se alzó e hizo un gesto de negación con la misma, antes de volver a hablar, de forma tan tranquila como siempre aunque esta vez, en apariencia, bastante más despreocupada... Por la razón que fuese.


- Oooh, me habéis pillado, mi dulce dama. Pero, si me lo permitís... Platino. El oro está taaaan devaluado. Demasiado provinciano, a estas alturas.


Por supuesto era una broma para relajar el ambiente, pero eso no significaba que no hubiese verdad en lo que había dicho, después de todo, tenía cierta fama por, como decía la chica, convertir en oro todo aquello que tocaba... Y a esas alturas se podía permitir el abandonar un poco la humildad aunque, ahora que lo pensaba, no es que nunca hubiese sido demasiado humilde para empezar. Oh, bueno, no había nada de malo en ser un poco arrogante si uno se lo podía permitir, especialmente no cuando no se permitía que ello guiase su vida... No hacía daño a nadie tener confianza en uno mismo.

Pero, volviendo al tema...


- Aunque estoy bastante seguro de que vos erais ya una diosa antes de que yo pusiera siquiera la mirada en vos, mi dama. Respecto a lo del tango... Si habéis conocido ya a los italianos de sudamérica entonces no os debo sorprender tanto. Son buena gente, aunque no pueda decir lo mismo de sus "primos" del continente.


Dicho aquello (con lo último más mascullado para sí mismo que otra cosa) se mantuvo en silencio un insante, sólo lo justo para mirar hacia arriba.


- Y decidme... ¿Cómo es que habéis decidido honrar este mundo con vuestra presencia? ¿Tan mal están las cosas en el cielo que tenéis que venir aquí? No es que me disguste, por supuesto, pero llama la atención... Desde que he llegado no he hecho más que ver diosas allá donde miro. ¡Es una maravilla!
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Ichinose Hitomi el Jue 14 Feb 2013, 20:53

Arrogante, sí. Nada que no hubiera visto antes en otras figuras, incluso dentro del arte más estigmatizado por los críticos. Aquel que en su propio reflejo encontraba lo mas bello tenía la vida solucionada, aunque no era así para quienes tenían que convivir con ellos. No por nada Narciso se había consumido observándose, sin darse cuenta de cuanto le rodeaba. Esa era a la vez, la bendición y maldición de ese tipo de individuos, y en cuanto ella se mostró conocedora de quien era, la caballerosidad prevaleció, pero observó como su humildad se disipaba como un perfume tras unas horas.

- Provinciano... casi tanto como el platino clasista. - dijo con una sonrisa, sin dejar claro si le parecía bueno o malo, aunque sin ocultar lo incisivo del comentario.

Elevó una ceja y sonrió, esta vez un poco más abiertamente. Resultaba gratificante encontrar a alguien que estuviera dispuesto a compartir su don aunque fuese en pago a algo, y cuya realidad estaba tan claramente alienada que era como si viniera de otro mundo. Eso es lo que en ese momento más interesante le resultaba de él, obviando esos modales que parecían proceder de la posesión que el espectro de Lord Byron había ejercido sobre el cuerpo del Hispano.

- Para llegar a ellos basta con olerlos...- dijo encogiéndose de hombros con cierta coquetería, aunque aquella frase estaba envuelta en un enigmatismo que hacía pensar en la imposibilidad del hombre para comprender las armas de seducción de la naturaleza de la mujer.

- Suele suceder si quien mira quiere ver belleza....- añadió ella con cierta réplica - ¿Serías capaz de ofrecerme un par de favores? Aunque es más una petición que una pregunta, no te veo rechazando una solicitud de una mujer a la que como a mí estas reverenciando. Primero, olvida la frugalidad ornamentada que es el cumplido caballeresco, con todo lo que has dicho ya estoy de sobra halagada para cuanto queda de conversación... y si te es posible dirigirte a mí con el nombre que anteriormente te ofrecí en prenda, que espero recordarás a menos que esta conversación se haya acabado, podría recuperar la sensación de que estoy hablando con un joven de mi tiempo y no con una especie de vampiro palaciego cuyos refinados modales tienen una antigüedad de más de dos siglos.- dijo con una suave sonrisa plácida, sus ojos entrecerrados en un suave parpadeo femenino. - ¿Puedes hacer eso por mí?- preguntó suavemente, dejando en el tono flotar una dócil sensualidad.
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Diego Del Toro el Mar 19 Feb 2013, 17:51

Interesante, no solían pedirle favores. No tan pronto en una relación, al menos. Ni que decir tiene que el español no pudo evitar verse sorprendido por ese particular cambio en la corriente de los acontecimientos, pero todo aquello tomó un cariz bastante más curioso y sorprendente aún cuando la chica, Mask (un obvio seudónimo, pero él mismo también usaba un alias...) le hizo sus peticiones.

Extraño. MUY extraño.


- Bueno, haré lo que pueda pero, antes de eso, permitidme deciros que no hay que ser un gran joyero para encontrar el valor de una mina de diamantes... Ni un gran astrólogo para percatarse de la belleza del cielo nocturno. En cuanto a lo demás... Me ofendéis, mi dama. No lo estáis entendiendo: Yo no hago cumplidos, simplemente expreso con palabras lo que ven mis ojos. Demasiado, quizá, pero así soy. El nombre no será un problema.


Dicho eso se quitó las gafas tranquilamente, mirándolas como si viese en ellas algo increiblemente interesante, aunque era evidente por el modo en que empezaba a jugar con ellas que simplemente trataba de medir el alcance, quizá el riesgo, de una situación para la que no estaba totalmente preparado. Tampoco pasaba nada, era un actor impresionante, extraordinariamente bueno... Si no supiese improvisar hacía mucho tiempo que habría desaparecido de ese mundillo. Ni que decir tiene, no era el caso.


-Entiendo que no estéis acostumbrada a tratar con gente como yo, Mask. No la hay. Sólo yo. Pero podría decir lo mismo de vos o, de hecho, de cualquiera, a grandes rasgos. Sin embargo... ¿Puedo preguntaros qué os mueve a hacerme esa petición? Debo decir que no es lo habitual, ni mucho menos. Espero no haberos ofendido...


Aunque, la verdad, no sabía CÓMO habría podido ofenderla. No era como si estuviese tratándola sin respeto, ni muchísimo menos, pero en fin... Era un hombre. Caballero español o no, nada podría evitar completamente la tendencia natural a cagarla de su sexo... Aunque a veces lo olvidaba.
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Re: Pernocta en el Café de la Comedia

Mensaje por Ichinose Hitomi el Vie 22 Feb 2013, 18:25

Había que decir que destilaba encanto latino, tan propio de la escena mediterránea de donde venían los galanes más cotizados del mundo, y también aquellos de los que gustaban de ir de flor en flor. Ambos eran estereotipos con los que tenían que cargar, igual que el debía cargar con el de la mujer japonesa, tímida y casera. Cada uno tenía que aguantar las corrientes con las que chocaba, así era al mundo en el que les había tocado vivir.

- Entonces son tus ojos los que valen diamantes. Es difícil encontrar hoy día a quien sea capaz de canalizar tanta hermosura como la que dice ver. - dijo con enigmatismo.

Cuando se quitó las gafas y perdió los ojos en sus cristales tintados, ella se acercó un par de pasos, contorneando las caderas de manera femenina, pero natural, tan pura como ella solía ser con cada persona con la que tenía el placer de intercambiar aunque tan sólo fuese un gesto. Se inclinó levemente hacia delante y se elevó sobre sus puntas de los pies, asomándose a esos ojos castaños como asomándose a la mira de un telescopio, a punto de encontrarse de cara con la inmensidad del universo. Su sonrisa se ensanchó con picardía, y luego volvió a apoyarse sobre sus talones. Aquella mirada gris, de brillos violáceos, parecía ser capaz de aspirar la esencia de cualquiera que los mirara fijamente, y arrebatar de allí los sentimientos y pensamientos, incluso los los recuerdos más profundos, y los secretos que se guardaban bajo llave. Le lanzó una suave mirada, divertida, como si acabase de desentrañar algo que no iba a repetir en voz alta.

- Por favor. Para nada. - dijo ella sin poder evitar reírse de manera fresca y musical de que así se hubiera tomado su petición. - No. Es sólo que, siendo como somos compañeros de profesión, me encantaría ser tratada como una igual. Eso incluye el tuteo, si crees que serás capaz de pronunciarlo. - dijo con un leve tono de reto, como el que con su cuerpo había utilizado dentro del local.

Al tiempo se giró noventa grados y comenzó a andar calle abajo a pasos tranquilos. El sutil balanceo de sus caderas no había desaparecido y resultaba visible incluso bajo aquella sudadera grande. Ladeó su rostro para mirar al chico por encima del hombro, con una media sonrisa y un brillo en los ojos, su ceja alzada en desafío.

- ¿No vienes?- preguntó, dejando en el aire la decisión...
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