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Una caja de Tiffany´s

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Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Mar 14 Mayo 2013, 19:22

[22 de Junio, sobre las 18.30 de la tarde]

No tenía ninguna gana, pero tras hablarlo largamente y discutirlo con sus progenitores, había comprendido el motivo que les llevaba a mantener la buena relación que tenían con la familia Hiyoshi. Ellos eran parte de los inversores de algunos de los negocios más importantes de su padre, y ello se traducía en una amistad que ambas partes habían querido inculcar a sus hijos. Pero él tenía cierto problema para hacer amistades, seguramente porque tenía firmes requisitos. La gente que no despertaba en él ningún tipo de interés no era atraída hacia lo que consideraba verdaderamente su círculo de amistades, aquellas en quienes tenía fe ciega, una cosa que para él suponía un privilegio que había que ganarse.

Reika Hiyoshi era la chica a punto de convertirse en mujer más mimada, condescendiente y superficial que él había conocido. Ni en las altas esferas que estaban plagadas de gente como ella había visto nunca cosa igual. Sus deseos eran cumplidos incluso antes de tenerlos, y desconocía por completo el significado del trabajo o la perseverancia, motivo que le había llevado a abandonar el primer año de tres carreras diferentes, hasta que su padre la enchufó en su propia empresa como asistente personal y directora de un departamento totalmente ficticio.

Recorría los escaparates del centro comercial, donde se entremezclaban las tiendas de ropa, jabones y muebles, con joyerías y sastres de alto Standing. Definitivamente no tenía ninguna gana de buscar un regalo para alguien así, por mucho cumpleaños suyo que fuera.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Mar 14 Mayo 2013, 21:11

Mio comenzaba a sentirse incómoda y además estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba aquel día.
Para empezar un grupo de niños se había puesto a jugar delante de ella, jugaban y caminaban al tiempo, eso además de retrasar a la chica, provocó que una de las patas de su pantalón se manchase de helado, no les dijo nada pero su mirada fría y seria, cargada de un sentimiento de irritabilidad e intensificada por el maquillaje, además del atuendo negro característico los asustó y salieron corriendo.

Cuando llegó al centro comercial, se dio cuenta que solo funcionaba uno de los aseos de la planta, varios hombre con cierto acento que denotaba ser de otro país discutían cómo arreglarlo, eso tampoco le gustó.
Hasta para arreglar un simple embotellamiento en el sanitario hace falta que se encarga alguien de Rokai… ¿A qué vienen estos aquí?” pensó para sí, y sin decir nada de mala gana salió del lugar y se dirigió hacia la segunda planta, donde no tuvo ningún problema.
Muy bien, le has prometido a tu abuela un detalle” lo cierto era que en el pequeño negocio que regentaba su familia se iba a hacer un acto especial conmemorando los 90 años del establecimiento y su madre la había comprometido ante su abuela, para elegir el broche que luciría.
Estaba cansada de recorrer otras joyerías y demás lugares y de hablar con personas que por “a saber qué razón” pretendían estafarla, no era una experta en joyas, cierto, pero si tenía intuición y sabía leer a la gente.

Y allí estaba delante del mostrador, ante tres broches que estaba segura, serían del gusto de su abuela y nadie que la atendiese, había hecho un gesto a la chica que estaba allí, pero Mio seguía en el mismo sitio y esperando, y después de todo lo sucedido su paciencia terminó.

-Buenos días me atienden o tengo que pedir cita previa
La dependienta se giró y colgó el teléfono y comenzó a reírse, tomo la frase dicha por Mio de manera seria y con toda la intención de herir sutilmente, como un chiste. La dependienta comenzó a contarle su vida, que no podía atenderla porque estaba hablando con su familia que irían a visitarla y tenía que sacar los billetes de avión…

-Mira- cortó Mio de mala gana- necesito los tres broches de esa estantería, estoy harta de esperar, así que te agradecería que los sacases y los trajeses- la chica se quedó parada, Mio suspiró cansada, cerró los ojos cansada y los abrió- vale, muévete o tráeme la hoja de reclamaciones.

La chica se movió sin decir nada, Mio se apoyó en el mostrador y dio un vistazo por la tienda, y se acercó hacia el muchacho que conocía:
-¿Cómo es que tu por aquí, Kitsugi?

Preguntó Mio directamente al muchacho, mirándolo directamente a los ojos y sin variar ni un ápice su tono de voz.

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Miér 15 Mayo 2013, 22:01

Jamás se le habría ocurrido que se encontraría con alguien como Tobunaka en una tienda como esa. No porque no pudiera, si no mas bien porque nunca la había visto una mujer dada a lucir ese tipo de complementos. Cuando la conoció, la reconoció como una miembro de Gisei con el talento de ser práctica, lo que no era fácil de encontrar. Nunca la había visto con abalorios, pendientes ni ese tipo de cosas, lo más próximo a la feminidad que había visto en ella era el mimo que tenía hacia su maquillaje. Le era favorecedor, por cierto.

Su expresión no vario al encontrarla, aunque si hizo una leve inclinación de cabeza a modo de saludo cordial y respetuoso. Para él la educación era importante y lo demostraba en su modo de actuar y comportarse, tanto en sus círculos más cercanos como frente a los desconocidos. Cordialidad ante todo.

- Buenas tardes, Tobunaka. - saludó al encontrarse frente a frente con ella.

Sentía en Tobunaka una figura más cercana a los ideales de Gisei, mucho mas fiel que la que representaba la presidenta de dicha unidad. Por algún motivo se había decantado por una estética que era precisamente todo lo que pretendían evitar, sin embargo, respetaba a Tobunaka por ser fiel a la imagen del nihon clásico. Sus ojos eran rasgados y oscuros, negro su pelo, su figura pequeña pero femenina. Era un hombre al fin y al cabo, y se fijaba en ese tipo de cosas, aunque no les diera tanta importancia como a otras mucho más importantes.

- He venido por coacción. Tengo que elegir un regalo. - como siempre, parco en palabras, pero claro en intenciones.

Había llegado justo a tiempo para ver el final de lo que sin duda alguna había sido una escena. Lo que tenía de trabajadora, tenía de cortante en su caracter la captadora de integrantes del grupo.

- ¿Imagino que estás aquí por el mismo motivo?- dijo en tono neutro, aventurándose levemente.

Puede que finalmente lo que quiera que comprara fuese para ella, aunque por lo que la dependienta estaba a punto de poner encima del escaparate, lo dudaba mucho.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Jue 16 Mayo 2013, 16:45

Mio atendía sin perder de vista a la dependienta, estaba lago nerviosa y se le notaba, aunque eso a ella no le pareció extraño “si hubiese cumplido con su función en su momento…”.

Volvió a mirar a los ojos a Kitsuogi y respondió:

-Pues sí, mi madre me puso en un compromiso frente a mi abuela y como es lógico debo cumplir, pero pretendo superar las expectativas.
Básicamente era eso, no iba a aburrir al hombre con toda la historia, por lo que abrevió y fue al grano.

Kitsugi era un muchacho intrigante, desde que lo conocía por Gisei, a veces despertaba tanto su interés que se sentía un poco atraída por él, pero para Mio no era una atracción de enamoramiento, sino más bien algo provocado por el misterio. El chico tenía buen carácter y cuando era necesario sabía imponerse, algo admirable, y además era un chico fiel al honor, el deber y la responsabilidad, cualidades que la muchacha consideraba fundamentales en cualquier japonés de provecho que se precie y que cada vez encontraba menos frecuentes, seguramente (pensaba), por la llegada de influencias externas que demonizaban la figura de los samurais, guerreros que sabían por lo que luchar, cómo hacer y ser respetuosos y honorables. Kitsugi tenía esa educación y se notaba en él, en su forma de tratar los problemas y en ese “aura” que parecía atraer a todo el mundo.

La dependienta colocó los broches sobre el mostrador y Mio los miró, eligió una bastante brillante, adornado con pedrería, luego permaneció mirando los otros dos, sin saber por cuál decantarse, mientras los miraba se dirigió a Kitsugi:

-Y ¿Qué es lo que vas buscando?- dijo - esta muchacha estará encantada de ayudarte en lo que sea menester, ¿Verdad?

No cambió el tono de voz, ni sonó como amenaza, ni como ironía, simplemente era su tono de voz, aunque la posición de sus manos y su cuerpo si se mostraban rígidos y firmes; la muchacha se puso rígida y miró atenta al chico esperando órdenes.

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Vie 17 Mayo 2013, 11:22

Aquello sí que le sorprendió. No había mucha gente lo suficientemente comprometida con su familia como para adquirir un compromiso y además tener el carácter de decidir superarlo con creces, no sólo por cumplir saliendo del paso. Aquello, en cierto modo, le resultó inspirador a su vez para afrontar su propio problema. A pesar de tener un buen gusto inculcado a base de vivir rodeado de cosas de alta gama y de gran calidad, habría escogido cualquier cosa para una chica como Hiyoshi.

Pero no ahora, que Tobunaka le había dicho semejante cosa. Reconsideró los factores a valorar y decidió comportarse como si el regalo fuese para una persona que le importara lo suficiente para invertir tiempo en elegirlo.

- Eso te honra, Tobunaka. - contestó él igual de escueto que ella.

Tobunaka era una mujer directa, a pesar de tomarse las cosas con una extraña filosofía de hielo, cuando algo le interesaba era tenaz hasta límites insospechados. Entonces era cuando se veía su pasión, bien enmascarada por debajo de un mohín de disgusto siempre alerta.

- Aún no lo he decidido. - planteó mirando las cristaleras.

Había hecho muchos regalos a mujeres en su vida, los suficientes como para saber qué favorecía a cada una, sus gustos personales por los colores, las piedras y los metales, e incluso el tipo de corte que les gustaba. Pero, lamentablemente, eso sólo sucedía cuando estas le interesaban. En una ocasión hizo palidecer a su madre cuando le regaló un anillo con un diamante engarzado entre dos diamantes rosas sobre platino. Lo encargó de parte de su padre, para su aniversario. El triunfo fue rotundo, lo suficiente para que a los pocos días su padre le comprase la primera moto.

- ¿Dispones de algo de tiempo? Preferiría que me ayudaras tú. - dijo consiguiendo de algún modo que esto no sonase a halago ni ofensivo para la mujer de la tienda.

Algo que era, dada la circunstancia, lo suficientemente complicado. Observó los broches que tenía la joven en la mano y alargó la mano hacia uno de los dos que habían quedado en el mostrador. Lo sujetó y observó largamente, dándole vueltas sobre sí mismo. Abriéndolo y observando al detalle.

- Si me permites un consejo, descarta este. La confección no es equilibrada y el engarce es tosco. - dijo volviendo a dejarlo en la caja, con neutralidad. Observó calmada y largamente a la joven, esperando su respuesta.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Dom 19 Mayo 2013, 20:32

Tobunaka nunca respondía a los halagos ni se dejaba impresionar por ellos, solo respondía con uno similar o dando las gracias cuando, por educación no había más remedio, por ello ni siquiera en su familia se molestaban en alabarla, si acaso alguna vez esporádica pero no es lo normal, Mio es plenamente consciente de cuando lo hace bien, lo puede hacer mejor y cuando no se esfuerza, por ello solo lo hacen cuando es un acto público, por lo que la respuesta y el agradecimiento ella también lo hace.
Pero lo dicho por Kitsugi, la hizo sentir bien, el hecho de que alguien como él reconociese lo que intentaba hacer era algo que ella agradecía, así que asintió con la cabeza, pero sin asomar ni un pequeño atisbo de sonrisa.

Como se esperaba del muchacho se dirigió a la dependienta de forma educada, pero tranquila y sin ninguna hostilidad.

Siguió mirando los broches, cogió el otro que le faltaba para formar la pareja pero no le convencía mucho, por eso no dijo anda a la dependienta, podría pedirle ayuda a Kitsugi, él tenía una enorme capacidad para elegir los regalos de las mujeres, a ella que era también un mujer, le sorprendía su facilidad para escoger y el gusto delicado y exquisito que parecía mostrar.

Ante la duda Mio dejó el broche de nuevo en el estuche y siguió mirándolos, la mano de Kitsugi la sacó de sus pensamientos y esperando un rato para ver la reacción del muchacho, en cuanto dio el veredicto, observó tras un pequeño intervalo de tiempo pareció darse cuenta sutilmente de a qué se refería y obedeció al instante.
Cogió el broche que en un principio había escogido, más el elegido por Kitsugi y los saco de la caja poniéndolos a un lado.


-Muchas gracias, Kitsugi-dijo haciendo una reverencia formal, a la dependienta este gesto le llamó bastante la atención.

Tobunaka se giró hacia la dependienta y prosiguió hablando.
-Me llevaré estos dos, por favor- dijo con un tono de voz frío y ausente de toda emoción- me lo envuelves para regalo y no escatimes en el papel, que sea delicado pero elegante. No le pongas adornos.

Si le pongo algo” pensó “lo haré después, no me gustan los adornos de regalo de los centros comerciales ni de casi la mayoría de las tiendas” además era para su abuela, debía ser algo señorial, elegante y formal. No podía dejar algo tan serio en manos de cualquiera.

Mientras la muchacha se iba con los broches para pasarlos por caja, Mio se dirigió de nuevo a Kitsugi.
-Muchas gracias de nuevo, Kitsugi. Me encargaré que mi abuela y mi madre sepan de tu ayuda en este detalle, seguro que lo valoran y agradecen.- hizo una pequeña pausa.

La verdad es que a Mio le gustaba ser justa y reconocer las cosas como eran, si recibía ayuda no le gustaba recibir todos los honores, por eso solo aceptaba la ayuda y la pedía cuando era necesario y a las personas que ella consideraba, es decir, a un grupo selecto y poco numeroso de personas.

-Y ¿Qué tipo de problema puedes tener en la elección del regalo? Siempre se te ha dado bien este tipo de detalles.- Mio paró y pensó un momento- ¿Un encargo importante? Me gustaría devolverte la ayuda, si en algo puedo servir.

Como era normal en ella, decía esto sin quitar su vista de los ojos del chico y con tono serio, pero no con la frialdad anterior.

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Lun 20 Mayo 2013, 12:46

Tobunaka agradeció su gesto con una reverencia formal, que le fué devuelta sin embargo con sutileza, efectuando el gesto sólo con la cabeza pero no por ello con menos educación. Era de agradecer que alguien se comportara con rectitud, al fin y al cabo pertenecer a una misma asociación en nada tenía que ver con el hecho de que tuviesen necesariamente que mantener una relación mas allá de eso fuera de el centro de estudios. Ciertamente el bien común, el tener un objetivo similar era capaz de unir a las personas, pero tampoco era motivo por el que hacer una amistad necesariamente. Al fin y al cabo eso no era diferente de un negocio, el hecho de que trabajes con alguien no implica tener que ser su amigo.

- No hay de qué. - respondió con su acostumbrado tono neutral.

en cierta manera le sorprendió su rectitud, pero también lo hizo el hecho de que fuese exigente a la hora de pedir algo que parecía tan sencillo como el modo de envolver un regalo. Fue concreta y directa con sus peticiones, aunque había algo en ellas que decía bastante de su carácter. Se mantuvo sobrio y calmado hasta el momento en que la transacción de Tobunaka hubo acabado. Una vez ella tuvo su regalo, se quedó ofreciéndole su ayuda, algo que el chico agradeció con otra sutil reverencia.

- Dalas la enhorabuena de mi parte, que los disfruten con salud. - dijo el joven, agradecido del hecho de que la chica lo incluyera en el detalle.

Sin embargo, al mentar el motivo de su visitas, si bien su expresión no cambió, si lo hizo su sensación interior de desapetencia. No tenía ningún problema en ser sincero respecto a ese tema con una chica como Tobunaka, aunque era bastante celoso de sus impresiones y sentimientos, así le habían educado, había cuestiones que le parecía absurdo ocultar, como era el caso.

- Podría decirse que sí, es importante. Si puedo hablarte con franqueza, el mayor problema es que no sabría qué regalar a una mujer que se vendería por aquello que voy a comprarle.- musitó sin más.

De la misma manera que hizo que lo anterior no sonara a halago ni a ofensa, en este caso consiguió que en conjunto, tanto la frase como el tono impasible en que lo dijo sonase a algo tan hiriente que casi podía abrir heridas en la misma carne. No es que despreciase a las mujeres como género, él era defensor de la igualdad de sexos. Pero lamentablemente era incapaz de no mostrar su repugnancia hacia las mujeres florero.

- Es necesario que sea un buen detalle, es por motivos tanto familiares como mercantiles, pero no ostento buena relación con a quien va dirigido. Por eso me resulta complicado. - dijo todo esto contemplando los firmes ojos de Tobunaka- ¿Qué tipo de regalo harías tú en mi situación?- preguntó con aquel tono neutral que hacía parecerle impasible, aunque en realidad le importaba su opinión sobre el tema.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Vie 24 Mayo 2013, 11:58

Tobunaka escuchó atentamente, el conflicto de Kitsugi era lógico. Ella también sabía lo que era tener que cumplir con unas expectativas y protocolos, pero no hacia otras personas de tu familia, las cuales podías conocer más o menos bien, si no a otras personas que además no es que te agradasen sobre manera, pero era lo que tocaba hacer, ante todo había dar una imagen de cordialidad, aceptación y buen trato, sobre todo cuando grandes proyectos se basaban en esas relaciones.

Cuando Kitsugi describió al tipo de mujer, Tobunuka frunció un poco el ceño, era un poco difícil ser la moneda de cambio de toda transacción, pero lo que no podía soportar eran las personas que basaban sus relaciones empresariales u acuerdos en una amistad, eso a la larga era perjudicial.
Tobunaka estaba convencida de que esa amistad era totalmente fingida y a la larga tenías que cuidarte más las espaldas, ella prefería hacer tratos sumamente claros y cerrados, de tal modo que si alguno fallaba con su parte o decidía hacer algo por su cuenta pagase de algún modo el agravio cometido, pero no era siempre así y ella misma lo había sufrido, con la diferencia que no soportaba las adulaciones ni los regalos desmedidos por un simple motivo de querer comprar un afecto o amistad, que jamás lograrían alcanzar. Aún así había que poner buena cara y agradecer, o eso era lo que a ella educado, aunque también habían muchas mujeres que al no gustarle el trato, o el regalo, provocaban la desunión de grandes potencias.

Entendía el por qué del regalo, estuviese más o menos de acuerdo en ello, pero era algo que no importaba. No valía de nada estar de acuerdo o en desacuerdo, había que hacerlo, era un protocolo y lo que sucedía, así que tocaba buscar, poner buena cara y contentar a las personas, había que demostrar tener educación.

La mente de Tobunaka se puso a trabajar en qué podía aconsejar al hombre.
-No es fácil, pero tampoco será imposible- Cuando un reto se le presentaba a Mio, lo seguía hasta al final y lo intentaba varias veces, no era fácil hacer que se rindiese.

La dependienta no se había marchado muy lejos, por lo que Mio la llamó educadamente con un tono de voz neutral y provisto de toda emoción. Del mismo modo le pidió que le enseñase si tenían algún catálogo de las joyas que se encontraban en el local. Todo eso estaba en el ordenador, así que se cambiaron de mostrador y esperaron a la chica.

Mientras la máquina se ponía en marcha y la chica ponía varios códigos de seguridad le dijo a Kitsugi.
-Muchas gracias, por permitirme ayudarte y así devolverte el favor, he pensado que ella podría buscarnos en el catálogo las joyas que le llegaron ayer, seguramente todavía no estarán puestas, pero si tendrán imágenes y la relación de su valor, y me atrevería a decir que esas joyas tardarán unas cuantas semanas en aparecer por los mostradores.

No es que Tobunaka fuese una leída y experta en el tema, pero mirando los catálogos de algunas tiendas para buscar el regalo de su abuela, las joyas que escogió en un primer momento, todavía no las tenían en exposición y muchos comercios se negaron a vendérselas y la remitían constantemente a esta joyería.

-No sé que tipo de gustos tendrá- prosiguió la mujer- pero un buen collar o gargantilla, podría irle bien. Los broches apenas son usados por las damas jóvenes y las pulseras parecen más bien para señoritas de pequeña edad, es mi punto de vista. No conozco a la chica pero un anillo, no le regalaría, es lo que soléis utilizar de detalle, lo digo por experiencia propia, siendo tú pienso que podrías arriesgar un poco, deberías de sorprenderla con algo más original. Así no serás otro de los muchos chicos que le regaló un anillo y tal vez al despertar su interés consolidéis una relación.

Terminó de decir Tobunaka con su tono de voz característico solo haciendo un poco más de énfasiss en el hecho de que las joyas no estarían en el escaparate hasta dentro de un tiempo. Mio sabía que Kitsugi esperaba una justificación acerca de todo lo que recomendase y eso le dio, no le serviría un justificación como "es lo que más me gustaría a mí". Tobunaka seguía pensando de qué otra forma podría ayudarle, ahora faltaba saber el tipo de material y cómo sería. Escogiese lo que escogiese, Tobunaka le daría su opinión sincera y sin tapujos, "una vez que me he implicado en esto" se decía a sí misma "no puedo permitir que Kitsugi quede en mal lugar".

La justificación que le había dado la chica se basaba sencillamente en propia experiencia, había recibido muchísimos regalos de nietos e hijos de varios socios e interesados en realizar algún acuerdo con su abuela y siempre aparecían con algún anillo o pulsera.
Eso también le demostraba quien estaba dispuesto a arriesgar, por eso cuando alguno le regalaba algo que se salía de la norma le hablaba bien a su abuela, pero no porque el regalo la hubiese comprado, Tobunaka era perfectamente consciente de sí misma y no se dejaba comprar por algo tan básico, si no porque demostraba ciertas cualidades que los demás no eran capaces de transmitir.
"Si no son capaces de arriesgar y ser originales en algo tan sencillo como un regalo" pensaba "en el mundo de los negocios y las empresas donde lo que te "juegas" es mucho más, seguramente fuesen monótonos. Y para tener un socio que no te aporta nada, y no sabe ser original y agresivo cuando hay que serlo, mejor no tener ninguno"

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Lun 27 Mayo 2013, 10:10

La educación que Tobunaka había recibido se mostraba mucho más cercana a la suya que en otras personas que hubiera conocido, lo que la convertía en una persona candidata a compartir parte de su tiempo, y con la que se sentía bastante cómodo. Todo ello a pesar de que se trataban con estricta educación y aunque conocidos, pues no se había decantado aún por profundizar realmente en cultivar las relaciones que pudiera tener con otros miembros de Gisei, no descartaba que pudiera llegar a formar parte de sus amistades en el futuro.

Aceptó su ayuda de buen grado, y escuchó atentamente cada sugerencia que le proporcionaba. La verdad es que jamás le habría regalado un anillo a alguien como Reika. Para él, los anillos estaban mucho más ligados al compromiso y mostrar una profunda relación, no sólo amorosa, si no en general, en cualquier aspecto que fuera. Saber la talla de anillo de una mujer era suficientemente íntimo como para plantear haber tenido charlas bastante privadas, lo que se traducía en confianza y respeto. Nada de lo que profesaba por ella. No, Reika jamás llevaría un anillo que él hubiera escogido o comprado en sus dedos.

Sin embargo, sí que podía tomarse la molestia de mirar un catálogo y regalarle algo que aún no estuviera disponible en tiendas, era síntoma de exclusividad y cuidado por el detalle, cosa que decía mucho de él. Casaba totalmente también con la personalidad clasista y elitista de la que esa niña de papá hacía gala.

- Me parece una gran idea. - reconoció él, tomando el catálogo.

Lo abrió por la primera página y pasó unas cuantas sin mirar. Eran anillos. Pero cuando llegó por fin a las pulseras, y las gargantillas, se dedicó a mirar con cuidado, aunque su expresión seguía estando tan seria y solemne como solía. La verdad es que no era muy expresivo, aunque a veces era premeditado, la mayoría del tiempo no lo era. Simplemente era su expresión natural, seguramente porque había que conocerle mejor para ser capaz de comprender los leves cambios de su expresión.

- Estoy contigo. No creo que un anillo sea la mejor opción, vista la ocasión. - coincidió con tono suave, separando por un momento la vista del catálogo para mirar a Tobunaka.

Tras pasar unas cuantas páginas más observó que también tenían pendientes y otras cosas, pero ese tipo de detalles solían venir en conjunto. Había quien regalaba incluso todo un set completo de pendientes, gargantilla, pulsera, e incluso reloj y gafas, todo del mismo diseñador o de la misma colección. A él eso le parecía excesivo para un detalle, era pura ostentación, y aunque su padre habría estado de acuerdo en mostrar su nivel de poder adquisitivo, no era él quien estaba escogiendo un regalo. De tomo que lo haría a su manera.

- Creo que me decantaré por lo que has dicho, Tobunaka. Aunque a pesar de todo, seguro que tiene mil gargantillas. Es una lástima buscar un regalo a quien está aburrido de tener todo. - dijo con un tono tan neutro que en realidad era difícil saber si lo decía en serio o le daba igual.

Depositó el catálogo en el mostrador y lo tendió levemente hacia su ella, para que también pudiera ver las muestras. Iría comprobando los gustos de ella, según la viera mirar más o menos cada una de las joyas allí expuestas. Nunca estaba de más conocer los gustos de compañeros que podían llegar a ser amigos, con el tiempo. Ese tipo de detalles era lo que le había dado esa pequeña fama de persona atenta y quería seguir manteniéndolo.

- Me gustaría encontrar una mujer digna de regalarle algo como un reloj de pulsera. - compartió, de pronto.

Parecía aún concentrado en el catálogo, era posible que lo hubiera dicho más para sí mismo que para que lo oyera la chica que tenía al lado, ayudándolo a escoger. Pero era algo en lo que creía firmemente. Actualmente con los adelantos de los móviles, muy poca gente tomaba el tiempo de escoger un buen reloj, cuidarlo y llevarlo puesto. Ese simple gesto marcaba para él una gran diferencia.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Miér 29 Mayo 2013, 08:26

Tobunaka estuvo pendiente en todo momentos de las reacciones de Kitsugi, sobre todo para que no perder detalle de lo que podía llegar a decir de la mujer a la que iría destinada el regalo.
Por lo que parecía era una persona a la que nunca le había faltado de nada, Mio se atrevió a pensar que quizá, pedía para comprobar cuánto tiempo tardaban en satisfacer sus deseos o si las personas eran capaces de adelantarse a ellos.

Compartiendo el catálogo con los distintos modelos de joyas y sus colores no pudo evitar pensar que no habría nada más desacertado para ella que un detalle de ese tipo, con esas formas y sobre todo esos colores tan estridentes, brillantes y llamativos... Desde luego nada de eso iba con ella, pero en más de una ocasión había tenido que hacer el esfuerzo de engalanarse con alguno de esos artículos.
Recordó la pequeña celebración que iba a tener lugar dentro de poco tiempo en la que su abuela conmemoraría el aniversario del negocio. Tobunaka sabía que debía a acudir, su abuela la aleccionaba para que no perdiese detalle, pero al menos esperaba poder hacer acto de presencia con su estilo y sin demasiadas ostentaciones.

Siguieron pasando las hojas, hasta que encontraron una sección en la que sí podían encontrar algo que, al menos, pudiese servir como detalle. La mujer volvió un poco la cabeza, pero sin quitar los ojos del catálogo, le había parecido oír algo sobre un "reloj de pulsera". No estaba segura, "¿Lo habrá dicho para sí mismo, pensará que es una buena idea ese regalo o simplemente había sido una especie de secreto compartido?".
Mio estuvo dándole vueltas por unos instantes y fue descartando las posibilidades, no veía a Kitsugi el tipo de muchacho que compartiese un secreto suyo con alguien que apenas había cruzado varias palabras con él. Que Tobunaka recordase, ésta estaba siendo, fuera de Gisei, la conversación más larga que estaba teniendo con él.
Luego descartó la posibilidad de que lo considerase un regalo para la mujer en cuestión, Kitsugi la conocía mejor que ella, por lo que él sabría mejor que nadie sus gustos y deseos, pero por la sensación que le transmitían las palabras dichas por él mismo acerca de la destinataria del presente, un reloj, no sería la mejor opción. Por lo tanto, Mio llegó a la conclusión de que lo habría dicho solo para él, y no preguntó.

Aun así, el comentario del reloj hizo que la joven recordase el artilugio antiguo de su abuelo, ese reloj no había vuelto a ser tocado por nadie, únicamente su abuela lo abría para darle cuerda, ajustarle la hora y limpiar tanto la cadena, como la tapa del mismo. Desde que Mio había tenido uso de razón ese reloj había sido lo más hermoso que había visto en su vida, era fino, elegante y discreto; gracias a los cuidados de su abuela nunca erraba en dar la hora. Se imaginó a su abuelo vestido elegantemente y con la cadena del mismo asomando por uno de los lados de la chaqueta hasta que llegar al bolsillo, el porte respetable y la elegancia que se desprendería de él cuando al sacarlo de su bolsillo, apretase el botón adecuado para abrir la tapa que protegía las agujas del reloj y poder ver la hora. Pero eso eran costumbres ya perdidas, muchas personas no sabían poner en consonancia el avances tecnológico con las tradiciones y valores clásicos "una pena" pensó Tobunaka.

Habían estado pasando hojas en silencio y observando, muy pocas joyas convencían a Mio, pero tenía que pensar en los posibles gustos de la mujer. Estaban llegando al final del catálogo, habían pasado los anillos, los pendientes, los juegos completos de bisutería, e incluso la parte de pulseras y brazaletes estaba llegando al final. El rostro de Tobunaka reflejó su concentración y adquirió, una apariencia más seria.

Mientras comenzaba a pensar en otra idea, Mio señaló una fila de pulseras, eran bastante anchas y de colores variados y muy vivos, a ella no le gustaban nada, pero era consciente de que posiblemente la mujer gustase de llamar la atención.
-¿Crees que alguna de estas podría responder a sus gustos?- dijo mientras señalaba varias pulseras . Sin embargo mientras Kitsugi observaba lo señalado por ella, Tobunaka abrió otro de los catálogos que tenía a su derecha, era de un número muy limitado de páginas, se atrevió a pensar que no serían más de diez o quince hojas, y preguntó
- ¿Y una diadema o tocado?- a su mente acudió la imagen de una mujer que acudió a ver a su abuela, hacia muchos años atrás, cuando ella apenas se separaba de las faldas de su madre. Ella apareció con una vestimenta fina y elegante, pocas mujeres había visto Tobunaka que la impresionasen tanto como esa mujer, no llevaba grandes brillos, ni era desmedida con los complementos pero en su cabeza, simplemente como un adorno ya que no recogía el pelo, ni evitaba el flequillo; pudo ver una sutil fila de pequeños diamantes y brillos.

Era consciente de que en la actualidad ese tipo de tocados habría evolucionado con la moda, y no se equivocaba.
Al ser pocas páginas, Mio las fue pasando rápidamente pero sin perder detalle a lo que veía y señaló un modelo de tocado , que no era muy llamativo, pero reflejaba elegancia y sobriedad, aunque por su forma si podía ser que fuese un tanto llamativo.

Mientras esperaba la respuesta de Kitsugi siguió mirando, por si no le convencía ninguna. Mio estaba intentando ser objetiva, para que sus gustos no interfiriesen mucho en la búsqueda

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Miér 29 Mayo 2013, 10:58

Páginas y páginas, y páginas plagadas de joyas. Algunas de ellas sin la menor personalidad, algo que a pesar de que podría combinar bien con la mujer a quien iba dirigido, iba a negarse a comprar jamás. Consideraba la joyería una forma más de arte y comprar algo en lo que un artesano no había puesto ni gota de personalidad o estilo era simplemente un insulto. No había diferencia entre comprar eso o cualquier otra cosa. Era como ir a una fábrica a comprar cubos de fregar, todos iguales, vacíos de originalidad.

Contempló las pulseras un tanto escéptico, Reika sería capaz de ponerse todas y llenarse los brazos hasta parecer godzilla con tal de que la miraran. No quería regalarle nada que por la estupidez de la chica acabase causando vergüenza ajena. Sin embargo, lo de la tiara le pareció una gran idea. Estaba a punto de graduarse en el instituto, y sus padres le preparaban una gran fiesta con baile incluido, en el que pensaban invertir una cantidad desorbitada. Sólo el vestido que llevara costaría bastantes miles de yens.

La diadema que le sugirió Tobunaka era, para su gusto demasiado recargada. Continuó contemplando la revista y entonces, tras pasar una página, sus ojos captaron casi instintivamente una pequeña tiara de temática natural, como una pequeña rama de la que brotaban brillantes. La señaló con el dedo y buscó con la mirada a Tobunaka, buscando claramente su opinión, pero sin decir palabra.

Pidió a la señorita de la tienda que se la enseñara, y tras meterse en el almacén unos minutos, apareció con una caja en las manos. al abrirla apareció la diadema, hecha en plata de ley con diamantes engarzados. Se reflejaba claramente en el dinero que costaba, pero como siempre, para él no era un problema. Si no hiciera un regalo espectacular su padre saltaría sobre él con un discurso sobre la importancia de invertir dinero en las amistades, algo que él no compartía. Al menos no desde su visión paterna. Tras cogerla entre las manos e inspeccionar el corte de la joya, miró a Tobunaka.

- Tobunaka, ¿Podría probártela?- le preguntó educadamente.

La dependienta tenía repartidas sobre las vitrinas varios espejos en los que la gente podía reflejarse cuando se probaran las piezas. Muchas personas iban por anillos de compromiso o conjuntos que preferían ver. Algunas novias incluso llevaban a sus peluqueros para probar los diferentes tocados. Él pretendía ponerle la tiara y contemplarla, para ver como quedaba desde varios puntos, con el matiz oscuro de su pelo.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Dom 09 Jun 2013, 11:00

Tobunaka se sorprendió de la elección de Kitsugi, la tiara era bastante sobria aunque desprendía varios destellos, pero se notaba en la forma en la que estaba hecha y en el acabo que se intentaba crear un objeto, elegante, fino sin demasiadas ostentaciones, pero que a la vez resaltase de algún modo para no pasar desapercibido. Era como llamar la atención de una manera sutil y sin querer, aunque la intención fuese precisamente esa.

Mio se perdió en sus pensamientos acerca del objeto, ya que no sabía exactamente cómo catalogarlo. La elección de la persona que más conocía a la interesada, era la que más valía tenía.

¿Cómo?” Se dijo la mujer, miró durante un rato el objeto. Cierto era que no le desagradaba del todo, pero no se veía en esa situación colocando una tiara sobre su cabeza, por muy impactante que pudiese ser verse con algo más de brillo y “alegría”. Seguramente el efecto de los destellos del objeto frente a la oscuridad de su pelo y sus ropajes sería bastante estridente, o al menos eso pensaba Mio.
Pero, por otro lado, Tobunaka no se sentía capaz de negarse, se había ofrecido a ayudar a Kitsugi, así que debía de cumplir con su deber. Sin cambiar el tono de su voz, aunque no muy conforme con la idea, asintió. Se miró en los espejos antes de ponérsela.

Mio sabía que no todas las personas vestían de negro habitualmente y dudaba que la persona a la que iría destinado de ese presente fuese de las que solo vestían de negro y marrón oscuro.
Una vez tuvo sobre su cabeza la tiara, se miró en uno de los espejos, se notaba extraña, no parecía ella y eso que solo era un objeto, aunque fuese bastante discreto, resaltaba bastante con su cabello y con la vestimenta que llevaba puesta en el momento. Como queriendo disculpar el efecto que producía y que a lo mejor no convencía a Kitsugi, Mio dijo, en su tono habitual:

-Quizá deberías buscar una persona que se ajustase más a las características físicas y de vestimenta de la personas a la que vas a obsequiar, el efecto sería más afín a como que le quedaría.

No se quitó la joya, ni pensaba hacer hasta que Kitsugi hubiese dado un veredicto sobre si le gustaba el presente o no para la persona a la iba dirigido. Su rostro denotaba la frialdad habitual en ella, aunque por dentro se sentía un poco incómoda y se sorprendió pensando que mal no le quedaba, aunque se notaba rara y no iba con su forma de ser ni su actitud, “quizá en alguna ocasión más especial, comprar una de estas y sorprender a mi familia con algún complemento en mí, sería buena idea” pensó. Se dijo que no debía olvidarlo, tanto su abuela como su madre habían insistido, hacía un tiempo, ya ni se molestaban; en que podía llevar algún que otro complemento para fechas señaladas e importantes, aunque ella en aquel momento se había negado; en ese momento, pensó que ceder con algo fino y nada estridente sería buena idea para un futuro y así sorprenderles.

Al fin y al cabo, Mio disfrutaba sorprendiendo gratamente, sobre todo a su abuela, ya que eso hacía que ésta confiase más en ella y le otorgase más responsabilidad frente a asuntos de la familia y el negocio.

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Lun 10 Jun 2013, 20:29

Supo, a pesar de que Tobunaka no lo exteriorizó, que tenía ciertas reservas a probarse la tiara. No recordaba haber visto nunca a la chica con ese tipo de complementos y de joyería, generalmente solía ir sobria y sencilla, vestida de negro y marrón oscuro. Siempre había pensado que a una chica como ella no le hacía justicia limitarse a esos colores oscuros y en ese instante cruzó por su mente la idea de cómo se vería si se vistiese para un festival de primavera, por ejemplo, usando ropa tradicional. Identificó en su mente la figura de Tobunaka con un colorido yukata, y el resultado no le desagradó en absoluto. Quizá debiera proponérselo en el futuro.

A pesar de sus reservas hizo un esfuerzo y se probó la diadema que él había seleccionado. Gesto que él apreció con una leve reverencia. Contempló como la entrelazaba con el color azabache de su pelo, cómo la dejaba reposar sobre los mechones de negro profundo. Ahora era él quien la observaba largamente, con una expresión neutra, valorando en su interior lo que veía. La rodeó y continuó observando, colocando la mano frente a su boca, en una expresión de profunda deliberación mientras contemplaba el acabado de la joya. Ella le devolvía la mirada y por un momento pareció nerviosa. Incluso se excusó diciendo que no debía juzgarla duramente si no tenía parecido con a quien iba dirigida.

- No es necesario. - dijo declinando la oferta con un leve gesto de la mano.

Tras unos momentos más, en los que una idea surcó su mente rápidamente entre otras cosas, agradeciendo el hecho de que Tobunaka no se pareciera en nada importante a Reika, el dedo índice de su mano derecha se dirigió al mentón de la chica y se posó allí con cuidado tratando de dirigirla suavemente para que girara levemente a derecha e izquierda. Tras eso, tomó su decisión.

- Guárdela y prepárela para regalo. No quiero que la envuelva, quiero una caja de terciopelo atada con lazo blanco. Yo mismo añadiré una tarjeta y una rosa. Gracias. - dijo finalmente a la dependienta, detallando y dando instrucciones precisas de lo que esperaba.

Cuando vas a pagar, es mejor dejar clara tu postura. Generalmente suelen hacer excepciones cuando la situación les conviene. Serían capaz de plantar ellos mismos las rosas si era preciso, por mantener a un hombre como él como cliente. Así funcionaba el mundo en el que le había tocado vivir. No era una queja en modo alguno, era tan sólo una afirmación.

- Has sido de mucha ayuda Tobunaka, te lo agradezco.- añadió entonces él, devolviendo la mirada a la chica tras una breve reverencia.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Lun 24 Jun 2013, 10:49

Tobunaka se quedó quieta y dejó que Kitsugi moviese su cabeza como el creyese oportuno, aunque al principio le sorprendió un poco, pero era normal que el hombre quisiese ver el efecto desde diferentes ángulos y sobre todo los reflejos. Por lo que no dijo nada y solo movía la cabeza ante la sutil presión de su mano.

Por su gesto final Mio dedujo que había terminado, pero cuando comenzó a dar instrucciones de cómo la quería envuelta, suspiró aliviada y le tendió a la dependienta el objeto con mucho cuidado y la misma cara neutral. “Órdenes claras y directas” pensó Tobunaka “es lo mejor, se evitan mal entendidos” muchas veces, se encontraba con que socios o amigos de su madre y abuela tenían series problemas con algunos trabajadores y lo primero que hacen es buscar la culpa en ellos, cierto es que muchas veces el rendimiento de la empresa o del negocio parecía depender del rendimiento de los trabajadores pero cuando hablaban más sobre el tema, ella se daba cuenta de que había otro problema superior. 

Su abuela disfrutaba poniendo aprueba la capacidad de reacción de su nieta con esos asuntos, le planteaba el problema que le habían comentado, le decía la situación que había visto y nada más, le dejaba un margen tiempo y siempre escuchaba atenta e impasible cuál era la respuesta de Mio. Si esa contestación satisfacía a la mujer, solo era recompensada con una sonrisa; si, en cambio, no era de su agrado, la anciana reconvenía y aconsejaba mejor a su nieta. Pero en la mayoría de casos el problema era la falta de órdenes claras, directas y sencillas de entender.

Tobunaka dirigió una mirada a Kitsugi mientras le terminaba de indicar qué quería y qué añadiría él. El gesto de querer o necesitar encargarse él de los detalles más mínimos hacía ver que era una persona que gustaba de cuidar las formas y la imagen, además de una implicación completa ante cualquier tarea.
-De nada, Kitsugi, un placer poder ayudarte- le devolvió la reverencia- espero que sea del agrado de la mujer y que la relación llegue a buen puerto, algo que no me cabe duda.
Dijo alagando la actitud que había observado por parte del muchacho.

Estuvo un tiempo pensando en la celebración que daría su abuela, en el regalo; y le pareció que tenía el compromiso de invitarle al acto, no solo porque le hubiese ayudado a elegir los detalles para su abuela, si no porque corría el riesgo de que su abuela se enterase de que había estado tratando y no le perdonaría el hecho de ser tan descortés y no invitarle. Además Mio había percibido ciertas similitudes entre ellos que en el grupo de Gisei no había notado. “Puede ser bueno seguir conociendo a Kitsugi, independientemente de los beneficios futuros”.
Tobunaka no buscaba hacer un amigo de la noche a la mañana, pero sabía que una relación más o menos continuada y de “casi” confianza, aparentemente, solo podría tener aspectos positivos.

-Dentro de unos días mi abuela va a realizar un acto para conmemorar los noventa años que lleva el negocio de la familia en funcionamiento. Éste será un acto sencillo, con algunas familias de la ciudad y el país, algunos fuegos artificiales, una pequeña cena... Sería todo un honor contar contigo como invitado, Kitsugi.

Mio no dijo nada más, estaba claro que la intención era explicarle el motivo del acto y que estaba invitado, aunque pudiese ser que tuviese otros compromisos, el deber que sentía Mio de invitarle ya estaba cumplido

Nota:
Siento la tardanza, ya puedo disponer de un poco más de tiempo. Gracias por la comprensión.

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Vie 12 Jul 2013, 10:20

Spoiler:
Nada, en todo caso perdóname tu a mí.

Una vez todo estuvo preparado, volvió a centrar toda su atención en aquella que acababa de redescubrir como algo más que una compañera de facultad, o un componente importante del grupo de Gisei. Tobunaka era educada e inteligente, y así mismo sencilla, cosa difícil de encontrar en una sociedad como la suya, en la que lo que se ve, lo que se lleva, lo que se ostenta, es casi tan valioso como lo que se hace.

- Así lo espero. Muchas gracias.- respondió él con una suave inclinación de la cabeza, al recibir los mejores deseos de la chica.

Sin embargo, si le sobrevino una cierta sensación de sorpresa cuando Tobunaka volvió a hablar y le invitó a la celebración, precisamente, para la que había seleccionado los broches. Aunque no lo expresó exteriormente, interiormente lo consideró halagador. Era también una grata oportunidad para acercar a sus familias en el ámbito comercial. Siempre es importante, incluso aunque el producto sea muy distinto, crear lazos con todas las empresas posibles. En cualquier caso, mejor que hacerlo con empresas extranjeras, así que cuanto mejor trato tuvieran entre ellas, más prospero sería el crecimiento de Japón.

Pero no era eso lo que más interesaba en ese momento para él, pues era una gran oportunidad para ver a Tobunaka en un sitio muy diferente de un centro comercial o la universidad. Todo el mundo se comportaba de manera diferente en los ámbitos de su vida, y ese era uno en el que Kitsugi no había tenido la suerte de conocerla. Ahora tenía esa oportunidad.

- En ese caso, mi presencia allí es ineludible.- respondió, aceptando la invitación.

La mujer apareció con el paquete metido en una elegante bolsa de papel, con el logotipo de la empresa y un par de cuerdas trenzadas de seda a modo de asas, y él las cogió con un elegante movimiento de muñeca. Pagó con la tarjeta de crédito y tras guardar ordenadamente el ticket en su cartera, la cerró, se despidió con una suave reverencia de la dependienta y contempló de nuevo a la chica.

- Si tienes unos minutos, Tobunaka, me gustaría invitarte a un café. Así podremos tratar los pormenores de tu invitación. - sugirió, con gesto serio y formal.

Quería estar seguro de que no se le escapaba ningún detalle. Tendría que contárselo a su padre y desde luego, preparar un buen regalo para la anfitriona de la fiesta. Él encontraría el modo de sorprenderla. Aunque necesitaría una ayuda de su equipo de investigación.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Vie 19 Jul 2013, 12:27

Aunque Tobunaka se siéntese satisfecha por la respuesta e incluso un poco alegre, su cara no cambio lo más mínimo, aunque si se podía ver un brillo de expectación leve y casi imperceptible durante unos segundos. No solo porque Kitsugi hubiese aceptado, si no porque se le presentaba la oportunidad de crear lazos y conocerle en otros contextos. Tal como había pensado antes de hacer oficialmente la invitación.

Estaba también segura de que además de las joyas su abuela se sentiría muy satisfecha de la decisión de su nieta, ya siempre le decía que no debía de perder la oportunidad de relacionarse con personas que mereciesen la pena, tanto para los negocios como en calidad humana. Kitsugi le había parecido a Tobunaka de esa manera, además de entablar relación con una familia influyente e importante, cierto que sus ámbitos eran diferentes, pero nunca está de más tener contactos en diversos campos. Aun así también le había parecido un hombre decidido, que cuidaba los detalles más mínimos y que procuraba ser correcto además de su notable educación en las tradiciones y costumbres que cada vez estaban más olvidadas. Eso era lo que su abuela consideraba calidad humana, por eso Tobunaka sabía que había acertado totalmente al decidirse a invitarle y por eso se sintió satisfecha cuando aceptó.

-Muchas gracias, será un honor contar con tu compañía en un acto tan sencillo.- Dijo Tobunaka haciendo una reverencia un poco más pronunciaba, pero que reflejaba la profunda gratitud de la chica.

Mio estuvo en silencio y expectante mientras él pagaba y recogía la bolsa que la dependienta había traído, justo como Kitsugi había ordenado. Estuvo repasando mentalmente si tenía alguna cosa más que hacer o preparar para la celebración. Un pensamiento y lo que consideró una estupenda idea, apareció en su mente. Antes de marcharse del centro comercial, tenía que comprar un detalle para su madre. Tenía los broches para su abuela, era más de lo que su madre había encargado y su abuela esperaría, pero si además durante la celebración decidía obsequiar con algo como un vestido, sabiendo lo mucho que le gustaban a su madre, con ese detalle a su progenitora, superaría todo tipo de expectativas y mostraría el agradecimiento a su familia por todos los años de cuidados y enseñanzas. No era sino su deber ser agradecido y respetuosa con sus familiares y maestros.

-Por supuesto.- Respondió con la seriedad y formalidad que la caracterizaba. No declinó la invitación, había una cosa que no le gustaba cuando estaba comprando o paseando y eran las cotidianas escenas en las que dos conocidos discutían sobre quién invitaba a quien. Teniendo confianza, si lo podía entender más o menos, pero no del todo. Se suponía que volverían a verse, pues en ese caso, que invitase la otra persona, no veía motivo para tales discusiones. En este caso, Tobunaka no tenía la suficiente confianza como para pedirle que la invitación corriese a cargo de ella y además, podía ser interpretada como una falta de respeto. Por lo cual solo aceptó, evitando así mal entendidos.

-Te sigo hasta el lugar, allí podremos hablar más tranquilamente.- Continuó diciendo para dejar claro, con su voz natural, que aceptaba y no tenía inconveniente. Se colocó a un lado de Kitsugi pero a una distancia prudencial, para evitar posibles confusiones.

Cuando llegaron al lugar que Kitsugi decidió y se hubieron sentado, Mio dejó en un lado de su silla la bolsa que había comprado, prefería tenerla cerca y además el asiento era amplio. El local que tenía la familia de Mio y el cuál había sido dirigido durante años por su abuela, estaba a las fueras de la ciudad. Era una posada mediana, bastante tradicional llamada “Kissuisō” que contaba además con baños termales y permitía a los visitantes estar en contacto directo con la naturaleza, había facilidades para llegar a la ciudad, pero la mayor parte de los clientes que iban al lugar lo hacían para descansar disfrutar de los baños y de largas caminatas por la naturaleza que rodeaba la ciudad y en la que se encontraba la posada.

-No tengas problema en traer acompañantes.- Dijo Tobunaka, ahora que estaban en lugar más calmado podían hablar sobre la invitación y el evento más calmadamente y consideró que era el momento para decir lo que dijo. No sabía si Kitsugi se sentiría más cómodo con algún acompañante o miembro de su familia. Por lo que permitirle que llevase a quien creyese oportuno era una manera de hacerle sentir cómodo y además de conocer a más personas y que esas personas conociesen a su abuela.- La única condición es saber el número de acompañantes.- Eso era algo obvio, aunque siempre se preparase comida y demás elementos de sobra, siempre se debía de tener una cantidad aproximada de los invitados que acudirían.

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Mar 06 Ago 2013, 12:05

Spoiler:
Disculpa la tardanza, no tengo excusa.

Ambos caminaron juntos en silencio, hasta que encontraron una cafetería que le pareció aceptable. No quería entrar a un lugar plagado de gente donde se les dificultara la conversación, ya que precisamente ese era el objetivo. Encontró una mesa en el interior fresca y alejada del tumulto de la terraza. Había dos butacas de cuero donde podrían estar cómodos durante el tiempo que les llevase aclarar los pormenores de su futuro reencuentro en el evento.

Él le separó levemente la butaca para permitirla sentarse y luego ocupó el cómodo sitio al otro lado, depositando su bolsa cerca de él, de la misma manera que hacía Tobunaka, para tenerla controlada.

Una joven camarera ataviada con el uniforme, que tenía el logotipo de la empresa grabado tanto en la camisa como en el mandil les atendió rápida y diligentemente.

- Muchas gracias por escoger nuestra cafetería. Mi nombre es Nozomi y seré su camarera hoy. Díganme, por favor, ¿Qué van a tomar? - preguntó educadamente.

Él se lo pensó durante un instante, miró la carta por encima distraídamente, ya que la conocía bien, pues era un local al que había ido más veces por su buen servicio y por que todo cuanto servían era de calidad excelente. Además de tener cosas usuales, también estaban especializados e dulces japoneses, de manera que le pareció muy apropiado compartir dicho lugar con Tobunaka, que parecía apreciar tanto como él las costumbres.

- Yo tomaré un té verde.- pidió, tendiéndole la carta.

Esperó a que Tobunaka pidiese y antes de que la camarera se retirara, preguntó.

- Tobunaka, ¿te apetecería compartir conmigo un plato de mochis variados? en este lugar son muy recomendables. - ofreció, esperando su respuesta.

Una vez la camarera tomase su pedido, él se acomodaría en el sofá, aunque desde luego no perdiendo la corrección de su postura. Buscó en su bolsillo el reloj, lo miró y lo devolvió a su lugar. No quería robarle a Tobunaka mucho tiempo si aún tenía que encargarse de continuar los preparativos, de manera que quería controlar que no se entretenía más de lo necesario. Aunque a decir verdad, su compañía le estaba resultando de lo más agradable.

- Dime, ¿A tu abuela le parecería una grosería que fuese sólo? - preguntó él, mirando a la chica a los ojos.

Pudiera ser que así fuera, teniendo en cuenta que ella era un joven  y él también. Acababa de conocer esa faceta de Tobunaka fuera de la universidad, y aunque estaba contemplando la posibilidad de que fueran amigos, quizá en su círculo familiar se malinterpretara su presencia en solitario. Quizá consideraran que había una segunda intención y él quería evitar malos entendidos.

- No quiero que puedan malinterpretar nuestra relación, de manera que te cause problemas. Mis padres estarían gustosos de participar en la ceremonia y presentar respetos a tí y a tu familia. Con lo que en total, seríamos tres. - constató él, para ver qué opinión merecía a quien les había invitado a dicho evento.

Tobunaka ya se había mostrado amable haciéndolo, con que causarle problemas de cualquier tipo sería algo inaceptable. Por eso quería estar totalmente seguro.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Vie 09 Ago 2013, 10:09

Spoiler:
No hay problema

Cada uno de los gestos que Mio observaba de Kitsugi demostraban una gran educación. Un interés por educar al hombre en protocolo, discreción, sobriedad, pero sobre todo por ejercitar su intelecto. Quedaba bastante visible que Kitsugi poseía un gran intelecto, que se denotaba en su forma de reaccionar, analizar los problemas y reaccionar ante cualquier situación. Los modales, las normas sociales y los ideales tradicionales eran un complemento que encajaba a la perfección con esta cualidad.

Mio observó durante unos segundo a la camarera mientras se presentaba. Cerró los ojos complacida ante lo que escuchaba. Un tono correcto y una forma de dirigirse a los clientes, bastante formal y adecuada. Tobunaka no podía evitarlo y miró el establecimiento. Primero se fijó en la disposición de mesas, de la barra y demás complementos decorativos y de utilidad del local. Desde donde se situaban, podía darse cuenta de esos pequeños detalles. También contó la plantilla de camareros que había en el momento. Lamentó no poder ver la cocina.

En la posada de su abuela, Mio trabaja como la que más. Aunque nadie se lo ha dicho, Mio es consciente de que será la heredera, saltando por su madre a la que a pesar de gustarle mucho el negocio, no muestra tanto interés en él como Mio. Sin embargo la joven pone todo su empeño en atender a los clientes, aleccionar a los camareros, ayudar en la limpieza de las habitaciones con indicaciones claras y sencillas. Pero sobre todo disfruta entrando en la cocina y comprobando los platos. Por supuesto todo cambio o introducción de un elemento nuevo pasa por su abuela.

Es ella la que obligó a Mio a trabajar en la posada, si quería heredar debía saber cómo funcionaba todo desde lo más mínimo. Un negocio no se puede dirigir sin saber qué influye en ellos y cómo funciona. Ese lema al principio le había costado entenderlo, pero el tiempo y el trabajo duro, la hicieron modificar su conducta general. Lo que más le gustaba a ella pero por el contrario más debía de aleccionar a los trabajadores era en el uso del uniforme tradicional.

-Un té negro. Con hielo y dos de azúcar, por favor. Muchísimas gracias.- Pidió Mio educadamente. Le había agradado el trato cordial, la ambientación y la forma en la que estaba todo dispuesto. Eran pequeños gestos y detalles que no podía obviar e influenciaban en su trato y elección de un local u otro.

Se centró por completo en Kitsugi, para escuchar atenta lo que decía. Su mirada iba de sus ojos al rostro y los gestos que hacía a la hora de hablar. Asintió ante la propuesta, podría probar la cocina del lugar, y no veía correcto negarse ante una invitación cordial. Por lo que aceptó de buen grado, pero con su semblante habitual.

Muchas personas que no la conocían no sabían interpretar su rostro. Siempre era serio y observador, al igual que su carácter correcto, rara vez se extra limitaba, siempre formal y algo agria. Normalmente cerrada, poco habladora y sobre todo atenta a lo que escuchaba. Muchas personas decían que siempre estaba de mal humor o que no sabía disfrutar de la vida. Tobunaka no hacía caso nunca de lo que escuchaba, ni bueno ni malo. Solo prestaba oídos a las correcciones de un grupo reducido de personas. De las demás obviaba los halagos, los reproches y las críticas. Mio tenía un objetivo y se centraba en él. Atendiendo a las indicaciones de las personas que consideraba era necesario aprender.

Mio reflexionó sobre la pregunta. Su abuela era muy parecida en carácter a ella, al menos de cara a la galería. Estando en casa en compañía de su madre y su abuelo, la había visto reír y bromear de casi todo. Algo que la sorprendió sobremanera pero nadie en el mundo de los negocios sabía de esa faceta. Pero también, a pesar de su seriedad y su gusto por la perfección, era una persona comprensiva y atenta. Podría ser que al principio mal interpretase la situación, pero Tobunaka se encargaría de advertirle de lo precipitado de su invitación y su abuela comprendería que una agenda de personas influyentes y con relevancia no se puede cambiar de un día para otro.

No contestó y esperó a que Kitsugi terminase de hablar. Agradeció la consideración del hombre con un leve asentimiento de cabeza.  La camarera hizo acto de presencia con el pedido. Por lo que no dijo nada, esperando a que la chica terminase. Colocó cada té frente a la persona que lo había pedido y el plato lo dejó en el centro junto con los utensilios.

-Espero que sea de su agrado. Si desean algo más o tienen algún problema, solo avísenme y les atenderé en lo que precisen.- De forma educada y correcta se comenzó  a marchar. Tobunaka agradeció de nuevo los servicios con una leve inclinación de cabeza. Volvió a centrar sus ojos oscuros en Kitsugi.

-Muchas gracias, Kitsugi. No creo que hubiese problema si se explicase bien la situación. Pero es todo un detalle por tu parte evitar la incómoda situación. Muchas gracias.- Dijo en tono formal, realmente se sentía agradecida por la consideración del hombre por lo que debía agradecerle, tanto por necesidad como educación.- Mi abuela estará profundamente halagada y agradecida de poder conocer a tu familia.

Mio se centró en su té y mientras tanto fue pensando en los detalles que debía referirle acerca de la celebración. No había una vestimenta fijada, aunque al tratarse de una posada tradicional, muchas personas habían manifestado su deseo e intención de ir acorde con la situación. Por lo que seguramente se podría observar disparidad en ese sentido. Cada invitado acudiría al festejo de la manera que le resultase más cómoda y correcta. Su abuela le había avisado esa misma mañana de la fecha y la hora, además de todo lo relacionado con so detalles de la misma. Aunque había algunos que no habían sido avisados del todo. También le había dicho que al ser en la posada, debería trabajar como un día normal y ayudar a prepararlo todo, hasta el momento en el que iniciase la celebración. Su abuela le había pedido que ocupase un lugar entre ella y su madre a la hora de recibir a los invitados. Mio no había podido esconder frente a su abuela la satisfacción que había sentido ante esa noticia.

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Lun 12 Ago 2013, 11:54

Evidentemente eso suponía que tendría que avisar a sus padres, pero si quería causar una buena impresión, se encargaría de que éstos fueran sobre aviso. Esperaba que su padre no tuviese otro evento que lo reclamara ya que era un hombre ocupado, pero tratándose de una fiesta en la que participaban varias familias influyentes, seguro que sería capaz de delegar en otros las labores que fuese, para presentarse. Él siempre le instaba a que los compromisos ineludibles han de expresarse como tal, y pensaba decirle que éste lo era. Sin embargo pretendía presentárselo como algo más formal, pues de haberle dicho que se trataba de una invitación de una compañera, habría empezado a hacer preguntas que él no pensaba ponerse a contestar.

También tendría que tener en cuenta el modo más oportuno de presentar sus respetos a la mujer, tendría que poner a trabajar a su equipo de investigación y aunque ya había contemplado alguna posibilidad para hacerle un presente, prefería ir sobre seguro. Teniendo en cuenta el tipo de negocio podría hacerse una idea de sus gustos, y también de su comportamiento, aunque algo le decía que sus familias se parecían bastante respecto a la educación y las exigencias, de manera que pisaba terreno conocido, lo que le daba una buena ventaja.

Una vez la camarera les hubo servido, esperó unos tres minutos hasta que el té hubo reposado, y luego con ambas manos cogió la taza y lo probó dando un pequeño y silencioso sorbo. Permitió que el firme sabor a té le llenase la boca antes de tragar. Un pequeño toque amargo le quedó después de eso. Estaba delicioso.

- Igualmente. - respondió con un leve asentimiento.

Desde luego, sus familias harían bien en conocerse. Podrían poyarse, y su padre podría organizar fines de semana de retiro para su chicos de Ai kido. Aquello podía ser el inicio de una grata relación comercial, y también podría justificar una futura amistad entre Tobunaka y él.

Cogió los palillos que habían depositado en la mesa, y tras sacarlos del envoltorio, los partió en dos y cogió educadamente un mochi, que mordió con cuidado, y luego depositó en un pequeño plato dispuesto para tal fin.

- Querría saber la hora, el lugar y también si sería aceptable vestir ropa tradicional. Tratándose de una fiesta, no se si pensáis en vestir traje, o kimono. - dijo una ves hubo terminado de masticar y tragar. -¿Te parecería bien que intercambiáramos nuestros teléfonos de contacto? Así podríamos mantenernos informados y avisar de cualquier posible cambio. - preguntó, esperando su contestación.

Claro que su uso no tenía porqué limitarse a un solo evento, así podrían recurrir al otro si en algún momento era necesario, y podrían tener una línea de comunicación abierta y poco comprometida. Prefería ser independiente en ese aspecto, para que su padre tratara de controlar de su entorno externo lo menos posible.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Lun 12 Ago 2013, 20:06

Miró el té negro durante unos momentos. Se podría decir que había elegido una bebida que incluso casaba a la perfección con su pelo, su vestimenta habitual y su carácter. Hubiese sonreído ante la broma irónica que le había gastado su cerebro. Pero su cara no reflejó nada más de lo acostumbrado, ni siquiera lo hizo para sí misma. Simplemente pensó “gracioso” y ya está nada más. Pocas cosas eran las que le hacían gracia y muchas menos las que le provocaban sonreír. No le gustaba cuando llegaba una persona que no la conocía de nada y por quedar bien frente a su abuela debía de mostrar una amplia sonrisa, por eso nunca acudía a no ser que fuese necesario y no tuviese que hacer dicho esfuerzo. No era su carácter, no iba con ella. Si sonreía sin un motivo aparente, más bien parecía una mueca amenazante.

Tobunaka trabajaba en la posada de su abuela, desde bien pequeña había comenzado limpiando la tarima y los baños termales. Todo. No le gustó nada. No entendía por qué la nieta de la gerente debía de pasar por esa situación. Notaba cierto resentimiento de su abuela hacia su madre que ella estaba pagando. Según iba creciendo fue rotando por todos y cada uno de los trabajos de Kissuiso. En la actualidad era la dirigente del servicio de habitaciones. Organizaba los turnos de limpieza, de servicio de cenas, comidas y desayunos, pero siempre contando con su abuela y bajo su supervisión. Pero eso no la eximía de tener que trabajar de cara al público. Debía ayudar a recoger cenas, a limpiar, a llevar las comidas a las habitaciones que lo pedían…

Escuchó todas las palabras de Kitsugi y sus dudas, con atención mirándole a los ojos para estar atenta y que no se le escapase ni un solo detalle de lo que preguntaba. Cuando terminó de hablar esperó un poco más, por si recordaba algo que debía preguntar o quería decir algo más. Viendo que no proseguía, una vez pasado un tiempo prudencial para no parecer tampoco descortés. Habló con tono serio y natural.

-El lugar será una la misma posada, a las fueras de la ciudad, hay varios carteles indicadores y luego una carretera que sube directamente a la puerta. La cena tendrá lugar en la habitación de comidas principal de la posada y luego habrán fuegos artificiales, y una tranquila velada en una de las zonas exteriores.- Mio nunca lo admitía pero le encantaba pasar tiempo en la sala principal de la posada, rara vez se abría. Únicamente cuando estaban al completo o bien, había un gran espectáculo. Pero a ella le apasionaba. Los papeles que decoraban la sala eran dibujos de acuarelas de peces, bambús y algunas manchas que simulaban la tinta de escritura antigua. Era amplia y despejada. De colores rojizos, marrones y anaranjados. En ese lugar se respiraba paz. Más de una vez se había refugiado allí siendo pequeña.

-En cuanto al día, por ahora está fijada el treinta y uno de este mes. A partir de las seis de la tarde se puede acudir al lugar. Muchos invitados han manifestado el deseo de querer ver las instalaciones y los alrededores, por lo que estaremos recibiendo a personas desde esa hora. Puede que sea algo precipitado por lo que sería comprensible que tuvieseis la agenda ya comprometida. En cuanto a la vestimenta.- Hizo una pausa.- Habrá personas que acudirán con traje y supongo que algunas con kimono, pero muy pocas.- Cada vez menos personas utilizaban esa prenda. A Tobunaka le parecía maravillosa. Daba elegancia, sobriedad, calma, estilo y era un emblema representativo de la nación, su historia y tradición. Los camareros y servicio irían con el kimono de trabajo.- No hay prenda establecida.- Sentenció. Tampoco iba a determinar la elección del joven.

Tobunaka en cuanto terminase ese día sus que tareas, se quitaría la prenda de trabajo, para ponerse un kimono. Fue de su abuela y en lugar de pasar por manos de su madre, ella sabía que había un período en la historia de ambas en el que no se habían llevado muy bien, quedaba automáticamente en manos de la joven nieta. Cuando Mio vio el kimono no pudo evitar su cara de sorpresa ante tal belleza y el tacto de las telas y el cuidado con el que se trataba era estupendo. En cuanto lo vio supo que debía ponérselo. Nadie le había obligado a usarlo, pero que mejor momento para lucirlo que aquel.

-Por supuesto.- Dijo asintiendo.- Si hubiese cualquier cambio o imprevisto me gustaría poder avisar con tiempo, para no ocasionar demasiadas molestias a ti y a tu familia.-Asintió conforme ante la petición de Kitsugi, era una propuesta normal, pero que también habría un pequeña posibilidad para posteriores diálogos de diferentes temas tanto formales, como relacionados con Gisei, o que no tuviesen nada que ver con éstos.

Le dio un sorbo a su té. Nunca le echaba nada. Le gustaba solo, sin anda, intenso. Estaba delicioso. Cogió los palillos y antes de partirlos, junto sus manos. Era una costumbre que su abuela le había enseñado. Susurró unas palabras, las que siempre decía y que su abuela le había inculcado y partiendo los palillos dijo.

-Que aproveche.-  Hizo lo mismo que Kitsugi y mordió un poco del mochi. Daba bocados y sorbos pequeños y delicados. Eso también era parte de la educación de su abuela. Debía de comer con sutileza, calma y delicadamente. Debía de evitar ser brusca, dar bocados demasiado grandes.- Debo darte la razón, Kitsugi, están deliciosos.- Dijo con tono neutral, una vez hubo terminado de saborear el bocado que se había llevado a la boca.

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Mar 13 Ago 2013, 10:36

Escuchaba con atención las respuestas de quien pronto se convertiría en su anfitriona, tratando de determinar qué sería mejor para impresionar y agradar a su familia. Evidentemente se encargaban de una casa de baños tradicional, y salvo que hubieran fijado un tipo de vestuario concreto, él se habría decantado por llevar ropa tradicional, ya que parecía un elemento recurrente tanto en el comportamiento como en el lugar en el que se estaba preparando la celebración. Ahora que se le daba libertad de elección, sin duda alguna instigaría a sus padres a decantarse por la ropa tradicional, y los tres vestirían Kimono.

En cuanto el tiempo, era más que suficiente para permitir a su padre liberar su agenda para acudir a dicho evento. Su madre no tendría problema alguno en contentarle, aunque en sus últimos años se mostrara bastante más distante con él.

- Parece que habéis planeado todo al detalle - comentó en un tono neutral, que aunque no permitiera entreverlo, resultaba un cumplido.

Le gustaba que las cosas se atendieran con la atención que merecían y en algo tan importante como un aniversario, esta atención suponía un alto nivel de compromiso. Eso le agradaba bastante.

Cuando Tobunaka llevo a cabo su pequeño rezo, él la apoyo respondiendo cortésmente a su "Que aproveche", y comió en silencio durante unos segundos disfrutando del dulce sabor afrutado del mochi, de su esponjosidad y el centro gelatinoso. Durante unos instantes más, se dedicó a cavilar acerca de lo que resultaría mejor, de cómo irían hasta allí, y otras pequeñas cosas, haciendo una lista mental de cualquier cosa que hubiera que planear antes del evento.

El silencio entre ambos no era incómodo, o al menos no se lo pareció. Había muy pocos casos en los que estar así no provocara algún tipo de reacción nerviosa. En compañía de Tobunaka no fue así, lo cual le resultó curioso.

- Me alegro de que te gusten - respondió con un leve asentimiento.

En realidad se alegraba de que sus gustos estuvieran tan bien coordinados, porque significaba que seguramente compartían más cosas en común, lo que ayudaría a afianzar la relación entre ambos.

- En tal caso, permíteme darte mi tarjeta. - dijo una vez ella se mostró de acuerdo.

Tras meter si alargada mano en un bolsillo interior del pecho de la chaqueta, sacó una pequeña caja plateada con unas iniciales grabadas, con un gesto rápido, preciso y acostumbrado, sacó una de las tarjetas y la ofreció a Tobunaka con las dos manos, en el gesto más educado que se solía hacer tradicionalmente. Las tarjetas eran un parte de ti mismo, se ofrecían con las dos manos y debían cogerse con las dos manos, si es que se respetaba a quien las ofrecía.
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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Invitado el Miér 28 Ago 2013, 19:05

Es lo que tanto ella como su abuela creían que se debía hacer. Era un evento muy importante, para su abuela significaba mucho. Había logrado hacer de esa posada un lugar de referencia en la ciudad. Pero además había logrado que, a pesar del paso del tiempo siguiese teniendo un aire tradicional y escrupulosamente  nipón. Todo estaba cuidadosamente preparado y al milímetro de estructurado. Se habían dado fechas concretas a pesar de la salud delicada de su abuela, no habría nada que impidiese realizar ese acto. Todos sabían meses antes de saber una fecha concreta cuál sería su cometido, por no hablar de la preparación del menú, la decoración y los fuegos artificiales. Todo. A Tobunaka, igual que su abuela, le gustaba implicarse al máximo en todo, hacerlo personalmente para asegurarse de que salía como ella esperaba y sobretodo, bien. Era exigente, algo perfeccionista, pero sobre todo le gustaba ver que todas las personas daban el mayor de su esfuerzo, al igual que lo haría ella.

Hizo una pequeña reverencia antes de coger la tarjeta. Cogió la tarjeta con las dos manos mientras volvía a inclinar la cabeza.

-Muchas gracias.- Dijo cogiendo la tarjeta con ambas manos. Se puso recta y sin soltarla la miró. Agradeció la tarjeta. No le gustaba sacar su móvil y empezar a decir número por número su teléfono. Prefería algo así. Era más cómodo y directo. Además de decir mucho de la persona que entregaba la tarjeta o la recogía. El hecho de que Kitsugi la tuviese correctamente guardada y la entregase con las dos manos, le sirvió a Tobunaka para darse cuenta de que el chico cuidaba hasta el más mínimo detalle en lo que hacía. Le gustaba ser correcto y mostraba respeto hacia las personas con las que trataba.
Volvió a asentir, agradecida por el gesto.

-Seguramente mi abuela querrá llamarte, para hacer más oficial la invitación.- Al igual que seguramente, a pesar del poco tiempo que quedaba querría que se le enviase una de las tarjetas con la información del evento. Eran tarjetas muy sobrias escritas en tinta negra sobre un papel anaranjado. Escuetas, sobrias y elegantes. No eran necesarias para entrar, pero sí era necesario para su abuela que cada invitado tuviese la suya.

Cogió la tarjeta y sacó del bolso que llevaba una cartera muy  grande. Tenía un compartimento exclusivo para las tarjetas, pero consideraba que esa debía guardarla en un lugar más apropiado, por lo que la puso en el apartado transparente. Le sería más fácil de enseñar a su abuela. Iría directa no tendría que buscar entre todas. Simplemente abrir la cartera y mostrarla. O sacarla directamente. “Las cosas especiales, en lugares aparte.” Decía su abuela, así se daría cuenta de que lo invitados también eran importantes. Sacó una tarjeta de la posada, no era un objeto tan personal como el de Kitsugi, por lo que lo dejó sobre la mesa justo frente a él.

-Es una tarjeta de la posada.- Dijo con su voz natural. Tanto ella como su abuela pasaban la mayor parte del tiempo en ese lugar.- El número de teléfono es directo. No tendrás que hablar con ninguna recepcionista. Contestará mi abuela o yo. Según. Si tenéis algún problema u os surge algún inconveniente para acudir, no dudéis en utilizar este número. Al igual que si necesitáis contactar por cualquier otro motivo.- Hizo otra leve inclinación de cabeza.

Volvió a beber del té con calma. Saboreándolo mientras pensaba en la fecha tan próxima. Temía algún contratiempo de última hora, aunque todo estaba repasado y tenían varias alternativas para los diversos contratiempos que pudiesen suceder. Mio le seguía dando vueltas. Su abuela le había permitido el honor de estar a su lado mientras elegía fecha, aconsejarle alimentos e incluso la había responsabilizado de los fuegos artificiales. Podía no parecer gran cosa, pero era la primera fiesta de conmemoración que ella presenciaría y el primer acoto de cierta envergadura que Tobunaka no era una mera espectadora, si no que estaba en todos y cada uno de los procesos de una u otra forma.
Tobunaka le dio otro pequeño y sutil mordisco al mochi de su plato. Estaba delicioso.

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Re: Una caja de Tiffany´s

Mensaje por Kitsugi Souta el Miér 11 Sep 2013, 16:46

Sujetó la tarjeta con las dos manos al tendérsela, la recibió con educación y luego hizo una leve inclinación de cabeza. Por cortesía, el se la devolvió, aguardando, pues estaba prácticamente seguro de que Tobunaka le devolvería una, si no con su número, con el de el establecimiento en el que iba a organizarse el importante evento que oficialmente ya figuraba en su agenda.

Cuando ella le explicó que posiblemente recibiría una llamada de su abuela, él asintió levemente y no mostró expresión alguna, pero por dentro estaba complacido de la diligencia de la que pronto sería su anfitriona. Era importante tratar bien a los invitados, pero no solo desde el umbral hacia dentro, si no también todo el largo recorrido que quedara hasta entrar en la casa de uno. Cosas como esas solía contarle su madre cuando era niño, y pasaba mucho tiempo con ella. Mucho más del que pudiera recordar y desde luego, más que ahora.

-  Estaré encantado de oírla. - respondió él con sinceridad.

Lo menos que se le debía a una mujer, que además iba a ser centro del evento al que le habían invitado, era tratarla con el máximo respeto y toda la cordialidad posible.

Él tomó un trago de té verde, masticó un mochi y tras deglutirlo tranquilamente, disfrutando de su dulzor y de su membrana firme e interior gelatinoso, observó como su acompañante le tendía una tarjeta. Él se limpió las manos concienzudamente e irguió la espalda para recogerla, alargando sus manos de finos dedos para sujetar respetuosamente la tarjeta con las dos manos, para posteriormente observarla.

Posó su mirada sobre Tobunaka mientras esta le explicaba, ya que quería que supiera que tenía toda su atención, y tras eso volvió a mirar la tarjeta, que se guardó educadamente en la cartera, una vez seguro de que encontraría un hueco adecuado para ella, al que pudiera recurrir en cuanto volviera a casa y planteara a sus padres el plan que se les presentaba.

-  Permíteme preguntarte una última cosa, Tobunaka. ¿Tu abuela tiene algún gusto en particular por el arte tradicional?- preguntó con ese tono neutro que solía usar, y que siempre le hacía parecer severo a ojos de los demás.

Algunos de sus compañeros hasta le consideraban mayor de lo que era por ello, y cuando bromeaban se referían a él como "abuelo" aunque dada su falta de respuesta, habían dejado de hacerlo. Desde el principio él había tenido claros tanto sus objetivos como lo que estaba dispuesto a hacer por ellos, y tratar de encajar fingiendo no estaba entre lo que consideraba aceptable para triunfar. Desde luego que se adaptaba a lo que le tocaba, pero de ahí a cambiar sus comportamientos, no. Eso era muy diferente. Por ello había tenido algunas disputas con su padre. Pero ahora la cuestión era otra. Tratar de conseguir, además de contactos, quizá una amistad duradera.
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Re: Una caja de Tiffany´s

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